lunes, 30 de julio de 2012

CUARTA SEMANA EN AFRICA


Lunes 16 – 07 – 2012  

Comienza otra semana en Kisumu. Me levanto temprano, sin apremio cómo se hace todo en África mientras voy preparando mis cosas para salir temprano a Rota. En el camino, como es costumbre, voy cruzándome con la gente de la zona. Ya se ha hecho rutina intercambiar saludos en el idioma local. El cielo está nublado y una inusual brisa refresca mi piel bañada en sudor.

Luego de casi una hora de caminata por las plantaciones de maíz llego a Rota. En el dispensario, como era de esperarse, no hay nadie. Acá no es costumbre llegar temprano y se trabaja sin horario. Nuevamente me siento a esperar a que alguien más llegue y llene el silencio con sus palabras. Luego de varios minutos de espera aparece Benter, una de las Community Health Worker. Durante la siguiente hora nos dedicamos a matar el tiempo conversando trivialidades. La acompaño a buscar algunas cosas y cuando salimos su paso seguro se interrumpe abruptamente a mitad de camino y mirando hacia el cielo gris dice “Hoy va a llover. No, no será hoy, sino dentro de los próximos días” y yo la miro y mientras reanudamos nuestro andar espero que llueva pronto.

Cuando volvemos al dispensario ya hay un puñado de personas esperando para ser atendidos. Una vez adentro, nos encontramos con la Clinical Officer: Winifred, una mujer joven, alta, de cabellos largos y trenzados. Muy amable en el trato y siempre dispuesta a ayudar, sin embargo, hoy no se encuentra de buen humor y mientras ordena unas cajas en la farmacia me dice “No podremos trabajar juntos como habíamos acordado. Necesito que veas pacientes tú solo ¿Puedes hacerlo?”. Luego suspira ruidosamente y agrega “No llegará nadie más. Hay campaña de vacunación masiva para inmunizar a todos los menores de 5 años contra la poliomielitis así que somos sólo tú y yo”. No me queda otra cosa por hacer que aceptar su propuesta.

Las próximas cuatro horas pierdo la cuenta de la gente que va apareciendo. Tengo afortunadamente a alguien que traduce al inglés todo lo que los paciente me dicen en el idioma local. Al final de la jornada he visto más casos de sarampión en un día de los que muchos colegas en mi país verán a lo largo de toda su vida.

Son las 14:00 y estoy exhausto y sudoroso. Mis labios están secos y he olvidado traer conmigo algo de agua. Comienzo a preparar mi bolso y al salir me encuentro con una niña joven, con dos pequeños, uno de ellos visiblemente desnutrido. Benter resopla molesta “Se llama Evalyn, sus hijos están en el Programa de Nutrición y ella sabe que tiene que venir los días Miércoles pero se comporta cómo si nada le importase”. Resignado dejo mi bolso en el suelo y busco entre los archivos los registros de ambos pequeños. Al revisar me doy cuenta que la última vez que vino al dispensario fue en Abril. Desde entonces se la ha citado en incontables oportunidades pero no se presenta. Miro incrédulo a la madre quien esquiva mis ojos y le pregunto “¿Por qué no has venido antes?” y ella comienza a sonreír y sin devolverme la mirada responde “He estado muy ocupada. No tengo tiempo para venir siempre” luego, con una risa sonora agrega “He venido hoy porque necesito suplemento. No tengo comida para darles”. Intercambiamos miradas con la Community Health Worker y ella me dice “No me mire a mí doctor, esta niña es una irresponsable y yo no voy a darle más alimentos”. Mi mirada va a parar al pequeño en brazos, su nombre es Daniel. Está enflaquecido, con su barriga abultada y cubierto de barro. Durante los próximos segundos (que parecen una eternidad) me debato entre darle el suplemento o seguir el protocolo (si no sigo las reglas, desde el distrito cerrarán el Programa de Nutrición). Resignado le explico a Evalyn que debe ser responsable y que la vida de sus dos pequeños depende de la seriedad con la que ella asume los compromisos “Este Miércoles te voy a esperar y si vienes examinaré a los pequeños y les daré el suplemento que les corresponde”. Ella parece no estar entendiendo mis palabras. “Si no vienes. Entonces quiere decir que no te importa y los sacaré definitivamente del Programa ¿Entiendes?”. Entonces, Evalyn se pone de pie y comienza a reír estrepitosamente pero casi en seguida, su rostro se endurece y comienza a gritar en el dialecto local algo que no entiendo pero seguro son insultos. Benter me traduce “Dice que no piensa volver. Está ocupada y no puede perder el tiempo dos veces la misma semana”.

Me retiro cansado y agobiado porque no logro entender el funcionamiento de la medicina en África. El trabajo es empírico: todos los tratamiento antibióticos son sólo por cinco días, las dosis no son justas sino que aproximadas y muchas veces hay que recetar en cantidades menores a las indicadas porque la farmacia no tiene la suficiente cantidad como para dar más de un frasco por cada pequeño. Cuando termino de atender a los pacientes siempre me pregunto si habrán entendido bien las indicaciones o si comprenden mis intenciones.

Durante la tarde reflexiono acerca de las similitudes y diferencias de mi trabajo. Siento que mis actos son insignificantes en comparación con todas las necesidades que existen y lo poco que hago, lo hago a medias. Recuerdo que Andrew me dijo en el aeropuerto de Ciudad del Cabo antes de subirme al avión “Piensa que tú presencia en Rota ya es suficiente”.  Me voy a la cama tratando de incorporar a mi quehacer esa frase. ¡Cuesta tanto! Esa noche sueño con Daniel. Se ha muerto y es mi culpa. Me despierto sudoroso y el mosquitero me aprisiona el pecho. “¿Qué pasará con el pequeño si su madre no llega el Miércoles?”.

Martes 17 – 07 – 2012  

Hoy no quería escribir. Mi madre me aconsejó no hacerlo si los sentimientos que me rondaban eran oscuros. No voy a Rota. Con Francisca fijamos una reunión con Silas, nuestro referente local, con quién tenemos que resolver algunos asuntos que han salido a flote la última semana y que nos han tenido bastante distraídos.

Hay problemas con la casa. Compartir espacio físico con otras personas es siempre un acto de voluntad y tolerancia. Esto cobra mayor significado cuando la gente con la que vives es de otra cultura. ¿Qué haces cuándo las personas con las que vives manifiestan expresamente que te quieren fuera de su casa? ¿Cómo mantienes una convivencia sana cuando una de las partes se niega a dialogar? Africa Dream intenta en vano resolver estas diferencias pero las millas de distancia diluyen los esfuerzos y cada día que pasa me siento más y más aislado. Estamos buscando un nuevo lugar dónde quedarnos y espero que lo encontremos pronto.

Sumado a esto la idea de quedarme solo en África, sin la compañía de otro chileno, resulta insoportable. Me han dicho desde la fundación que llegarán dos voluntarias: la primera en Septiembre y la segunda en Octubre. Pienso en Juan Pablo que lleva meses en Sudáfrica solo y admiro su entereza. Sin duda tengo que aprender de él y no dejar que estas pequeñeces empañen la felicidad que llena mis días.

Miércoles 18 – 07 – 2012  

Mi día favorito es el Miércoles. El Programa de Nutrición me permite traspasar las barreras del idioma y trabajar con mayor independencia.

En el dispensario es otro día más. Los pronósticos de lluvia de Benter hoy parece ser que se cumplirán. El cielo está gris y las nubes amenazan con iniciar su concierto de truenos y relámpagos.

Los niños comienzan a llegar alrededor de las 10 de la mañana y no cabe más alegría dentro de mí cuando entre las madres diviso a Evalyn. Lejos de mostrarme indiferente le estoy inmensamente agradecido por haber traído a Daniel a Rota. Lo tomo en brazos y me sonríe. Es una sonrisa débil, casi imperceptible, pero me basta para saber que hoy, cuando vuelva a casa con los suplementos, se encontrará seguro. Cito a los pequeños para la siguiente semana esperando que Evalyn cumpla. Un sentimiento amargo me invade mientras la veo marcharse. Es seguro que no vuelva hasta dentro de unos meses cuando la vida del pequeño Daniel se esté extinguiendo nuevamente.

El resto de la mañana continúo con los demás pequeños. Algunos están mejor, otros no logran salir adelante. Nuevamente hay un egreso y dos ingresos. La dinámica no varía, son las mismas caras de cuencas profundas y miradas melancólicas. Cambian sus nombres pero sus menudas existencias parecieran formar parte de algo más grande, uniforme y colectivo. Es el hambre de África que tiene aspecto infantil, inocente y frágil. Es la historia de un problema que pareciera nunca acabar.


Los suplementos del Programa de Nutrición.

Los niños de Rota siempre sonríen.
Éstos últimos días caminando de vuelta a casa me ha ocurrido algo singular. Siempre a mitad de camino me encuentro con un puñado de pequeños de diferentes edades que me siguen para tocar mi mano. Cuando los alcanzo con mis blancos dedos parecen debatirse entre el miedo y la excitación y el verde valle se llena con sus risas nerviosas. Entonces reanudo mi camino. Al cabo de 20 minutos siento una presencia. Me doy vuelta ¡Siguen ahí! ¡Me han seguido todo el camino de vuelta! Me regalan sus sonrisas pero guardan cierta distancia. Es increíble la fascinación de estos pequeños por el color de mi piel.

Durante la tarde hablo con Consuelo sobre los problemas que hemos tenido recientemente. Es increíble que estando tan lejos podamos tener una comunicación tan fluida. Es gratificante saber que aún en la distancia, ella entiende lo que nos sucede y trabaja para encontrar una solución.

Al caer la noche llamo a mi tía Sandra para desearle un feliz cumpleaños. Escucharla al otro lado del teléfono es como tenerla aquí conmigo. La conversación es breve pero sólo bastan unos segundos para sentir su calor. Cierro mis ojos y caigo dormido imaginando la gran mesa de su casa llena de delicias dulces hechas por una de sus hijas, Alessandra, quién con tan sólo 20 años, cocina como una chef profesional.



Jueves 19 – 07 – 2012  

Hoy me desperté temprano. Francisca sale y entra al dormitorio. Está enferma desde ayer en la noche y sus carreras al baño no le dan respiro. Me levanto de la cama y al incorporarme algo extraño me sucede. Seguro es la ansiedad de tener que salir a buscar un nuevo lugar dónde vivir y no tener idea de por dónde partir.

Luego de varias conversaciones con Africa Dream decidimos buscar un nuevo lugar dónde vivir. El problema se presenta porque acá buscar una casa no es tarea fácil. El negocio inmobiliario es prácticamente inexistente y el precio no está dado tanto por las dimensiones del lugar o los servicios con los que cuenta, como por el color de la piel del interesado en rentarla. Sabemos que necesitamos alguien que nos ayude y Jay (como es costumbre) se ofrece a darnos una mano.

Llegamos a Kisumu por la mañana y nos ocupamos de nuestros asuntos en el banco y el supermercado. Cuando nos reunimos con Jay ya casi es mediodía. Nos tiene buenas noticias. Existen dos propiedades en renta, ambas con electricidad y agua. El valor es discutible pero nuestro amigo cree que puede conseguirnos un precio justo. ¿No es ésa acaso una habilidad indiscutible de los indios?

Mientras Jay habla en swahili con los propietarios nosotros esperamos pacientes. Cuando corta la comunicación nos sonríe y nos dice “Está todo listo. Las he conseguido a un buen precio. Podemos ir a visitarlas mañana temprano”. Con Francisca le damos un abrazo cargado de gratitud y le prometemos invitarle una cerveza al día siguiente.

Nos quedamos en la ciudad para comer algo y luego volvemos a Riat. “¿Tomamos un Tuk-Tuk?” me pregunta Francisca “No me siento bien. Creo que estoy enferma” y mientras volvemos a casa a saltos dentro del pequeño vehículo yo comienzo a sentirme fatigado. Llegamos a casa y ambos nos acostamos y pasamos durmiendo gran parte de la tarde. El calor y la humedad pisotean nuestros cuerpos y al caer la noche ambos estamos algo débiles. “Creo que todo esto es porque estamos preocupados por conseguir una casa” escucho la voz de Francisca desde la parte superior del camarote. “Seguro no es nada. Mañana cuando encontremos un nuevo lugar dónde vivir todo se resolverá”. Sus pensamientos son ciertos, pues ninguno de los dos logra conciliar el sueño y nos quedamos conversando hasta la madrugada. Afuera llueve furiosamente.

Viernes 20 – 07 – 2012  

Francisca sigue enferma. Ninguno de los dos durmió lo suficiente anoche pero estamos ansiosos por ir a ver los lugares que escogió Jay así que salimos rumbo a la ciudad. Cuando llegamos a Kisumu nuestro amigo no nos tiene buenas noticias. “Parece ser que una de las casas podrán verla recién el Lunes y la otra mañana” nos dice “Lamento haberlos hecho venir hasta acá” agrega y nosotros le damos las gracias de todos modos porque sabemos que no es su culpa. Nos despedimos, no sin antes dejarlo invitado para la noche.

Vuelvo a casa desanimado. Tengo tantas preocupaciones en mi cabeza que no he tenido tiempo para hablar con el Dr. Otedo y explicarle que entre la búsqueda de una nueva casa, el permiso para trabajar y el viaje a Nairobi será mejor que suspenda mis actividades en el KDH hasta Agosto.

En la noche salimos con nuestros amigos. Vamos a Green Garden. Todos parecen muy animados pero luego de media hora comienzo a sentirme muy mal. Estoy helado y un fino sudor moja mi frente. “¿Te sucede algo?” pregunta Francisca y yo me limito a asentir discretamente con la cabeza y luego desaparezco por unos 20 minutos. Encerrado en el pequeño baño del lugar vomito varias veces. Cuando salgo Francisca me está esperando. Le  cuento lo que me ha pasado y le pido que no le diga nada a nadie porque no quiero arruinar la salida.

El resto de la noche me la paso tomando agua. Llego a casa sintiéndome fatal. Sólo quiero dormir.

Sábado 21 - 07 - 2012  /  Domingo 22 - 07 - 2012 

El fin de semana me lo paso en cama. Los vómitos y la diarrea no me dan tregua. Me siento débil y no puedo salir de la cama. Nos han cambiado la fecha de las visitas a las casas nuevamente. Comienzo a preocuparme y todo eso empeora mi malestar.

He intentado escribir pero no tengo energías. El agua se acabó nuevamente y la que sale del pozo está demasiado sucia como para arriesgarme a utilizarla en estas condiciones. Francisca saldrá a la ciudad para comprar más agua. Mientras espero que regrese me termino la última botella y escribo estas líneas.

África no es para los sensibles escuché decir en varias oportunidades. Yo estoy convencido de que es una mirada errada que hay que cambiar. 

Este continente pide a gritos que su sufrimiento sea tomado en cuenta de verdad. Pide que occidente deje de entregar ayuda monetaria, la que inevitablemente termina siempre en el fondo de unos cuántos bolsillos. Pide que la hipocresía de los juegos políticos de quienes en América del Norte y Europa manejan los hilos de sus marionetas de ébano detengan la venta de armas a cambio de granos de café, hojas de té, diamantes y petróleo. 

África sí es para los sensibles, aquellos que aún lloramos su hambre, nos conmovemos con su pobreza y sufrimos con su injusticia.  Mientras pienso en esto en la tranquilidad de mi habitación, afuera la lluvia cae inclemente. África llora, una vez más. ¿La puedes escuchar?


Llueve fuerte sobre las praderas de Kenya.

2 comentarios:

  1. Jose, me encanto que subieras fotos, cuídate y espero que te mejores y que los planes de nuevo hogar se concreten para que enfoquen sus energías en esos pequeños ojos y lindas sonrisas.
    Animo y fuerza.

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    1. Sí. Estoy subiendo fotos en todas las entradas, incluyendo las antiguas. El tema del Blog es nuevo para mí así que de a poco voy aprendiendo... Espero que lo disfrutes.

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