CUARTA SEMANA EN AFRICA
Lunes 16 – 07 – 2012
Comienza otra semana en Kisumu. Me levanto temprano,
sin apremio cómo se hace todo en África mientras voy preparando mis cosas para
salir temprano a Rota. En el camino, como es costumbre, voy cruzándome con la
gente de la zona. Ya se ha hecho rutina intercambiar saludos en el idioma
local. El cielo está nublado y una inusual brisa refresca mi piel bañada en
sudor.
Luego de casi una hora de caminata por las
plantaciones de maíz llego a Rota. En el dispensario, como era de esperarse, no
hay nadie. Acá no es costumbre llegar temprano y se trabaja sin horario.
Nuevamente me siento a esperar a que alguien más llegue y llene el silencio con
sus palabras. Luego de varios minutos de espera aparece Benter, una de las Community
Health Worker. Durante la siguiente hora nos dedicamos a matar el tiempo
conversando trivialidades. La acompaño a buscar algunas cosas y cuando salimos
su paso seguro se interrumpe abruptamente a mitad de camino y mirando hacia el
cielo gris dice “Hoy va a llover. No, no
será hoy, sino dentro de los próximos días” y yo la miro y mientras reanudamos
nuestro andar espero que llueva pronto.
Cuando volvemos al dispensario ya hay un puñado de
personas esperando para ser atendidos. Una vez adentro, nos encontramos con la
Clinical Officer: Winifred, una mujer joven, alta, de cabellos largos y trenzados.
Muy amable en el trato y siempre dispuesta a ayudar, sin embargo, hoy no se
encuentra de buen humor y mientras ordena unas cajas en la farmacia me dice “No podremos trabajar juntos como habíamos
acordado. Necesito que veas pacientes tú solo ¿Puedes hacerlo?”. Luego
suspira ruidosamente y agrega “No llegará
nadie más. Hay campaña de vacunación masiva para inmunizar a todos los menores
de 5 años contra la poliomielitis así que somos sólo tú y yo”. No me queda
otra cosa por hacer que aceptar su propuesta.
Las próximas cuatro horas pierdo la cuenta de la
gente que va apareciendo. Tengo afortunadamente a alguien que traduce al inglés
todo lo que los paciente me dicen en el idioma local. Al final de la jornada he
visto más casos de sarampión en un día de los que muchos colegas en mi país
verán a lo largo de toda su vida.
Son las 14:00 y estoy exhausto y sudoroso. Mis
labios están secos y he olvidado traer conmigo algo de agua. Comienzo a
preparar mi bolso y al salir me encuentro con una niña joven, con dos pequeños,
uno de ellos visiblemente desnutrido. Benter resopla
molesta “Se llama Evalyn, sus hijos están
en el Programa de Nutrición y ella sabe que tiene que venir los días Miércoles
pero se comporta cómo si nada le importase”. Resignado dejo mi bolso en el
suelo y busco entre los archivos los registros de ambos pequeños. Al revisar me
doy cuenta que la última vez que vino al dispensario fue en Abril. Desde
entonces se la ha citado en incontables oportunidades pero no se presenta. Miro
incrédulo a la madre quien esquiva mis ojos y le pregunto “¿Por qué no has venido antes?” y ella comienza a sonreír y sin
devolverme la mirada responde “He estado
muy ocupada. No tengo tiempo para venir siempre” luego, con una risa sonora
agrega “He venido hoy porque necesito
suplemento. No tengo comida para darles”. Intercambiamos miradas con la
Community Health Worker y ella me dice “No
me mire a mí doctor, esta niña es una irresponsable y yo no voy a darle más
alimentos”. Mi mirada va a parar al pequeño en brazos, su nombre es Daniel.
Está enflaquecido, con su barriga abultada y cubierto de barro. Durante los
próximos segundos (que parecen una eternidad) me debato entre darle el
suplemento o seguir el protocolo (si no sigo las reglas, desde el distrito cerrarán
el Programa de Nutrición). Resignado le explico a Evalyn que debe ser
responsable y que la vida de sus dos pequeños depende de la seriedad con la que
ella asume los compromisos “Este
Miércoles te voy a esperar y si vienes examinaré a los pequeños y les daré el
suplemento que les corresponde”. Ella parece no estar entendiendo mis
palabras. “Si no vienes. Entonces quiere
decir que no te importa y los sacaré definitivamente del Programa ¿Entiendes?”.
Entonces, Evalyn se pone de pie y comienza a reír estrepitosamente pero casi en
seguida, su rostro se endurece y comienza a gritar en el dialecto local algo
que no entiendo pero seguro son insultos. Benter me traduce
“Dice que no piensa volver. Está ocupada
y no puede perder el tiempo dos veces la misma semana”.
Me retiro cansado y agobiado porque no logro
entender el funcionamiento de la medicina en África. El trabajo es empírico:
todos los tratamiento antibióticos son sólo por cinco días, las dosis no son
justas sino que aproximadas y muchas veces hay que recetar en cantidades
menores a las indicadas porque la farmacia no tiene la suficiente cantidad como
para dar más de un frasco por cada pequeño. Cuando termino de atender a los
pacientes siempre me pregunto si habrán entendido bien las indicaciones o si
comprenden mis intenciones.
Durante la tarde reflexiono acerca de las
similitudes y diferencias de mi trabajo. Siento que mis actos son
insignificantes en comparación con todas las necesidades que existen y lo poco
que hago, lo hago a medias. Recuerdo que Andrew me dijo en el aeropuerto de
Ciudad del Cabo antes de subirme al avión “Piensa
que tú presencia en Rota ya es suficiente”. Me voy a la cama tratando de incorporar a mi quehacer esa
frase. ¡Cuesta tanto! Esa noche sueño con Daniel. Se ha muerto y es mi culpa.
Me despierto sudoroso y el mosquitero me aprisiona el pecho. “¿Qué pasará con el pequeño si su madre no
llega el Miércoles?”.
Martes
17 – 07 – 2012
Hoy no quería escribir. Mi madre me aconsejó no
hacerlo si los sentimientos que me rondaban eran oscuros. No voy a Rota. Con
Francisca fijamos una reunión con Silas, nuestro referente local, con quién
tenemos que resolver algunos asuntos que han salido a flote la última semana y
que nos han tenido bastante distraídos.
Hay problemas con la casa. Compartir espacio físico
con otras personas es siempre un acto de voluntad y tolerancia. Esto cobra
mayor significado cuando la gente con la que vives es de otra cultura. ¿Qué
haces cuándo las personas con las que vives manifiestan expresamente que te
quieren fuera de su casa? ¿Cómo mantienes una convivencia sana cuando una de
las partes se niega a dialogar? Africa Dream intenta en vano resolver estas
diferencias pero las millas de distancia diluyen los esfuerzos y cada día que pasa
me siento más y más aislado. Estamos buscando un nuevo lugar dónde quedarnos y
espero que lo encontremos pronto.
Sumado a esto la idea de quedarme solo en África,
sin la compañía de otro chileno, resulta insoportable. Me han dicho desde la
fundación que llegarán dos voluntarias: la primera en Septiembre y la segunda
en Octubre. Pienso en Juan Pablo que lleva meses en Sudáfrica solo y admiro su
entereza. Sin duda tengo que aprender de él y no dejar que estas pequeñeces
empañen la felicidad que llena mis días.
Miércoles
18 – 07 – 2012
Mi día favorito es el Miércoles. El Programa de
Nutrición me permite traspasar las barreras del idioma y trabajar con mayor
independencia.
En el dispensario es otro día más. Los pronósticos
de lluvia de Benter hoy parece ser que se cumplirán. El cielo está gris y las nubes
amenazan con iniciar su concierto de truenos y relámpagos.
Los niños comienzan a llegar alrededor de las 10 de
la mañana y no cabe más alegría dentro de mí cuando entre las madres diviso a
Evalyn. Lejos de mostrarme indiferente le estoy inmensamente agradecido por
haber traído a Daniel a Rota. Lo tomo en brazos y me sonríe. Es una sonrisa
débil, casi imperceptible, pero me basta para saber que hoy, cuando vuelva a
casa con los suplementos, se encontrará seguro. Cito a los pequeños para la
siguiente semana esperando que Evalyn cumpla. Un sentimiento amargo me invade
mientras la veo marcharse. Es seguro que no vuelva hasta dentro de unos meses
cuando la vida del pequeño Daniel se esté extinguiendo nuevamente.
El resto de la mañana continúo con los demás
pequeños. Algunos están mejor, otros no logran salir adelante. Nuevamente hay
un egreso y dos ingresos. La dinámica no varía, son las mismas caras de cuencas
profundas y miradas melancólicas. Cambian sus nombres pero sus menudas
existencias parecieran formar parte de algo más grande, uniforme y colectivo.
Es el hambre de África que tiene aspecto infantil, inocente y frágil. Es la
historia de un problema que pareciera nunca acabar.
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| Los suplementos del Programa de Nutrición. |
![]() |
| Los niños de Rota siempre sonríen. |
Durante la tarde hablo con Consuelo sobre los
problemas que hemos tenido recientemente. Es increíble que estando tan lejos
podamos tener una comunicación tan fluida. Es gratificante saber que aún en la
distancia, ella entiende lo que nos sucede y trabaja para encontrar una
solución.
Al caer la noche llamo a mi tía Sandra para desearle
un feliz cumpleaños. Escucharla al otro lado del teléfono es como tenerla aquí
conmigo. La conversación es breve pero sólo bastan unos segundos para sentir su
calor. Cierro mis ojos y caigo dormido imaginando la gran mesa de su casa llena
de delicias dulces hechas por una de sus hijas, Alessandra, quién con tan sólo
20 años, cocina como una chef profesional.
Jueves
19 – 07 – 2012
Hoy me desperté temprano. Francisca sale y entra al
dormitorio. Está enferma desde ayer en la noche y sus carreras al baño no le
dan respiro. Me levanto de la cama y al incorporarme algo extraño me sucede.
Seguro es la ansiedad de tener que salir a buscar un nuevo lugar dónde vivir y
no tener idea de por dónde partir.
Luego de varias conversaciones con Africa Dream
decidimos buscar un nuevo lugar dónde vivir. El problema se presenta porque acá
buscar una casa no es tarea fácil. El negocio inmobiliario es prácticamente
inexistente y el precio no está dado tanto por las dimensiones del lugar o los
servicios con los que cuenta, como por el color de la piel del interesado en
rentarla. Sabemos que necesitamos alguien que nos ayude y Jay (como es
costumbre) se ofrece a darnos una mano.
Llegamos a Kisumu por la mañana y nos ocupamos de
nuestros asuntos en el banco y el supermercado. Cuando nos reunimos con Jay ya
casi es mediodía. Nos tiene buenas noticias. Existen dos propiedades en renta,
ambas con electricidad y agua. El valor es discutible pero nuestro amigo cree
que puede conseguirnos un precio justo. ¿No es ésa acaso una habilidad
indiscutible de los indios?
Mientras Jay habla en swahili con los propietarios
nosotros esperamos pacientes. Cuando corta la comunicación nos sonríe y nos
dice “Está todo listo. Las he conseguido
a un buen precio. Podemos ir a visitarlas mañana temprano”. Con Francisca
le damos un abrazo cargado de gratitud y le prometemos invitarle una cerveza al
día siguiente.
Nos quedamos en la ciudad para comer algo y luego
volvemos a Riat. “¿Tomamos un Tuk-Tuk?”
me pregunta Francisca “No me siento bien.
Creo que estoy enferma” y mientras volvemos a casa a saltos dentro del
pequeño vehículo yo comienzo a sentirme fatigado. Llegamos a casa y ambos nos
acostamos y pasamos durmiendo gran parte de la tarde. El calor y la humedad
pisotean nuestros cuerpos y al caer la noche ambos estamos algo débiles. “Creo que todo esto es porque estamos
preocupados por conseguir una casa” escucho la voz de Francisca desde la
parte superior del camarote. “Seguro no
es nada. Mañana cuando encontremos un nuevo lugar dónde vivir todo se
resolverá”. Sus pensamientos son ciertos, pues ninguno de los dos logra
conciliar el sueño y nos quedamos conversando hasta la madrugada. Afuera llueve
furiosamente.
Viernes
20 – 07 – 2012
Francisca sigue enferma. Ninguno de los dos durmió
lo suficiente anoche pero estamos ansiosos por ir a ver los lugares que escogió
Jay así que salimos rumbo a la ciudad. Cuando llegamos a Kisumu nuestro amigo
no nos tiene buenas noticias. “Parece ser
que una de las casas podrán verla recién el Lunes y la otra mañana” nos
dice “Lamento haberlos hecho venir hasta
acá” agrega y nosotros le damos las gracias de todos modos porque sabemos
que no es su culpa. Nos despedimos, no sin antes dejarlo invitado para la
noche.
Vuelvo a casa desanimado. Tengo tantas
preocupaciones en mi cabeza que no he tenido tiempo para hablar con el Dr.
Otedo y explicarle que entre la búsqueda de una nueva casa, el permiso para
trabajar y el viaje a Nairobi será mejor que suspenda mis actividades en el KDH
hasta Agosto.
En la noche salimos con nuestros amigos. Vamos a
Green Garden. Todos parecen muy animados pero luego de media hora comienzo a
sentirme muy mal. Estoy helado y un fino sudor moja mi frente. “¿Te sucede algo?” pregunta Francisca y
yo me limito a asentir discretamente con la cabeza y luego desaparezco por unos
20 minutos. Encerrado en el pequeño baño del lugar vomito varias veces. Cuando
salgo Francisca me está esperando. Le
cuento lo que me ha pasado y le pido que no le diga nada a nadie porque
no quiero arruinar la salida.
El resto de la noche me la paso tomando agua. Llego
a casa sintiéndome fatal. Sólo quiero dormir.
Sábado
21 - 07 - 2012 / Domingo 22 - 07 - 2012
El fin de semana me lo paso en cama. Los vómitos y
la diarrea no me dan tregua. Me siento débil y no puedo salir de la cama. Nos
han cambiado la fecha de las visitas a las casas nuevamente. Comienzo a
preocuparme y todo eso empeora mi malestar.
He intentado escribir pero no tengo energías. El
agua se acabó nuevamente y la que sale del pozo está demasiado sucia como para
arriesgarme a utilizarla en estas condiciones. Francisca saldrá a la ciudad
para comprar más agua. Mientras espero que regrese me termino la última botella
y escribo estas líneas.
África no es para los sensibles escuché decir en
varias oportunidades. Yo estoy convencido de que es una mirada errada que hay
que cambiar.
Este continente pide a gritos que su sufrimiento sea tomado en
cuenta de verdad. Pide que occidente deje de entregar ayuda monetaria, la que
inevitablemente termina siempre en el fondo de unos cuántos bolsillos. Pide que
la hipocresía de los juegos políticos de quienes en América del Norte y Europa
manejan los hilos de sus marionetas de ébano detengan la venta de armas a
cambio de granos de café, hojas de té, diamantes y petróleo.
África sí es para
los sensibles, aquellos que aún lloramos su hambre, nos conmovemos con su
pobreza y sufrimos con su injusticia. Mientras pienso en esto en la
tranquilidad de mi habitación, afuera la lluvia cae inclemente. África llora,
una vez más. ¿La puedes escuchar?
![]() |
| Llueve fuerte sobre las praderas de Kenya. |



Jose, me encanto que subieras fotos, cuídate y espero que te mejores y que los planes de nuevo hogar se concreten para que enfoquen sus energías en esos pequeños ojos y lindas sonrisas.
ResponderEliminarAnimo y fuerza.
Sí. Estoy subiendo fotos en todas las entradas, incluyendo las antiguas. El tema del Blog es nuevo para mí así que de a poco voy aprendiendo... Espero que lo disfrutes.
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