miércoles, 8 de agosto de 2012


SEXTA SEMANA EN ÁFRICA

Lunes 30 – 07 – 2012  

Una de los mejores aspectos de vivir fuera de Chile es que tu lista de contactos crece a la velocidad de la luz y termina convirtiéndose en un verdadero directorio telefónico. Uno de mis nuevos contactos es un keniano al que conocí hace una semana y que casualmente trabaja en el negocio inmobiliario. Su nombre es Saidi y pertenece a la tribu Luo, la predominante en esta zona. Como la mayoría de los hombres Luo, es de baja estatura y cuerpo delgado, con grandes ojos negros y una sonrisa generosa. Saidi amablemente ha quedado en mostrarme hoy una propiedad que está en renta en un sector de la ciudad llamado Nyalenda.

Salimos con Francisca rumbo a la ciudad. Tomamos el mismo matatu, pero yo me bajo en el centro de Kisumu mientras ella continúa su viaje hacia Kondele dónde dictará la última clase de computación a los jóvenes de Street Youth.  Camino por las calles de la ciudad y me encuentro con Saidi afuera de un hotel. Tomamos un Tuk-Tuk y luego de negociar el precio, viajamos por alrededor de 15 minutos hasta llegar a Nyalenda.

Nyalenda es un polvoriento sector al sur de Kisumu. Una caminata de cinco minutos por los estrechos caminos de tierra es más que suficiente para preguntarse si existen políticas públicas en Kenya que se ocupen de las personas que viven en condiciones tan deplorables. El sector se compone de una multitud de chozas de material ligero en cuyos alrededores transitan hombres, mujeres, ancianos e incluso niños en un estado de barata hipnosis inducida por fármacos. Sus ojos aturdidos, inyectados de sangre, son un verdadero espectáculo de escapismo a la desesperanza que rodea esta zona. Los niños cubiertos de harapos, juegan en el barro, ajenos a lo que sucede a su alrededor. Aquí, los extraños son vistos con desconfianza. Pero caminando por los barrio con Saidi me siento seguro.

Niña de Nyalenda.

En Nyalenda abundan los “Flying Toilets” o “Inodoros Volantes", concepto que sirve para describir cómo los residentes del barrio hacen sus necesidades en bolsas de polietileno, debido a la falta de un sistema de aguas residuales, y luego las tiran descuidadamente sobre el camino. Los "Inodoros Volantes” y el flujo de las aguas residuales de los barrios bajos en las inmediaciones del Lago Victoria no sólo pone en peligro su ecosistema acuático, sino también la vida de los habitantes de Kisumu que utilizan las aguas del lago para el consumo y uso doméstico

Hora del baño en Nyalenda.
Calles de Nyalenda.
En semejante escenario ya he tomado mi decisión pero no quiero ser descortés con Saidi así que acepto ver la casa que quiere mostrarme. El lugar, contra todo pronóstico, está en excelentes condiciones. Es amplio y tanto puertas como ventanas están aseguradas con barrotes metálicos. Cuenta con dos habitaciones, sala de estar, cocina y baño. Desafortunadamente la inseguridad del sector es evidente y el perímetro está rodeado de casas en demolición, por lo que hay mucha gente circulando alrededor y yo soy el único blanco en un radio de cinco kilómetros. Tomo algunas fotos y luego regreso a la ciudad.

En Green Garden tenemos una reunión con Francisca y Silas porque Africa Dream necesita que nuestro referente local entregue su impresión de las casas de Milimani y Nyalenda para tomar una decisión. Pasamos toda la tarde volviendo a visitar ambas casas y Silas se inclina por el lugar en Milimani. Ahora sólo queda esperar a la fundación.

Martes 31 – 07 – 2012  

Temprano en la mañana Francisca me despierta “¿Es posible que me acompañes a Kondele? Es mi último día con los chicos y me gustaría que estuvieras conmigo”. Nos preparamos y salimos con la cámara fotográfica porque hoy es un día especial.

Tomamos un matatu rumbo a Kondele y mientras pasamos por los grises y  humeantes edificios industriales pienso en la historia de este sector de la ciudad, que en el 2008 se tiñó con la sangre de los grupos rebeldes después de las elecciones. Es increíble cómo desde entonces ha crecido rápidamente hasta convertirse en un destino de inversión para las empresas que están interesadas ​​en establecer sus bases en Kisumu.

Nos bajamos del matatu y caminamos un par de pasos para llegar a las oficinas de Street Youth dónde se encuentran reunidos todos los jóvenes que forman parte del proyecto para asistir a la última reunión con Francisca. Muchas de sus caras son nuevas para mí, pero ella los conoce a todos y me los presenta uno a uno mientras yo puedo advertir que hay un temblor casi imperceptible en el timbre de su voz.

El silencio se cuela por las habitaciones de la pequeña casa y las emociones flotan en el ambiente. En medio de esa densidad es difícil respirar. Francisca fue capaz de derribar los prejuicios y entrar en el corazón de estos hombres para descubrir que pese al cartel criminal que colgaba sobre sus cabezas, en el interior había honestidad, responsabilidad, sensibilidad y superación. Francisca fue capaz de sacar lo mejor de cada uno de ellos y hoy mientras los veo emocionarse por su partida, soy testigo de ello.

Francisca y sus chicos.
Mark rompe el silencio regalando unas palabras de afecto. Luego de un comienzo tímido y algo torpe termina con un bello discurso que hace que mi cuerpo tiemble. Tras él sigue el resto y mientras Francisca escucha las palabras que cada uno ha preparado para ella puedo ver la emoción contenida en sus ojos. Le han confeccionado un bello libro con dedicatorias y es el momento de entregárselo. Luego disfrutamos todos juntos de un delicioso almuerzo preparado por Mark y Stephen y terminamos el día sacando fotos, las últimas de Francisca en el lugar que ella levantó con la ayuda de las manos de los hombres que hoy la ven partir.

Francisca posando con el regalo de los chicos.

Bella creación.
La despedida está cargada de emotividad y mientras dejamos atrás el gallinero construido con tanto esfuerzo, el silencio nuevamente vuelve a aplastarlo todo. Un silencio que me acompañará por mucho tiempo una vez que Francisca tome el avión a Chile. Un silencio que al principio duele pero que terminará entregándome mucho más de lo que ahora me arrebata.

Este cartel está puesto desde esta semana en la puerta del gallinero.

Miércoles 01 – 08 – 2012  

Es otro día en Rota y el trabajo es agotador. Caminar por tanto tiempo con la tierra aún húmeda a causa de la lluvia de la noche anterior es un ejercicio digno de los Juegos Olímpicos y en estos sudorosos viajes está la causa de los kilos perdidos en el último mes.

El Programa de Nutrición marcha bien pero necesito alguien que me de una mano con el trabajo porque cada Miércoles al llegar a casa me siento realmente agotado.

Hace una semana llegó una paciente nueva, su nombre es Christine y padece de desnutrición severa. Intenté persuadir a su madre de que la lleváramos al KDH pero pese a que la pequeña estaba débil y no comía apropiadamente, su madre se negó a llevarla a un centro más complejo para hospitalizarla, así que no tuve más remedio que entregarle el suplemento y verla partir. Hoy está de vuelta para un chequeo y ha perdido peso. Mi reacción inicial es de alarma pero luego caigo en cuenta de que sus piernas ya no están edematosas y entiendo que los gramos perdidos son precisamente una buena señal. Le explico esto a su madre y la cito para la próxima semana con la esperanza de que comience a ganar peso, de lo contrario me veré en apuros porque no hay dinero para hospitalizarla y no me resigno a la idea de ver como se va consumiendo lentamente.

Christine.
Cerca del mediodía Francisca me llama para pedirme que viaje a Kisumu y luego de las 14:00 me reúno con ella en Green Garden. Comemos con Stephen y Mark y al terminar la comida Francisca les entrega a cada uno una carta y un celular nuevo “Para que nos podamos comunicar” les dice mientras espera su reacción con una sonrisa en el rostro. Mark no puede hablar, mueve la cabeza de una lado para otro y su risa nerviosa contrasta con las lágrimas de Stephen que agradecido rompe el silencio “Este es el primer regalo que alguien me hace. Nunca había tenido para mí nada que no fuese usado”. Francisca no puede ocultar su emoción y sus bellos ojos se humedecen. Me retiro y los dejo para que puedan despedirse apropiadamente.

En la tarde, cuando el Ramadán abre el prolongado ayuno de los musulmanes, visitamos a Zinma y Mariane quienes nos han invitado a comer. La cena está deliciosa y disfrutamos de biryani, gulab jamun y dátiles. Luego nos sentamos en la sala de estar y discutimos las diferencias entre los católicos y los musulmanes. Luego de esta amena conversación me doy cuenta de que muchos de mis prejuicios son infundados y que la religión musulmana es de un valor incalculable.  

Al caer la noche Agu, Zamil y Jay pasan por nosotros porque planean despedir a Francisca como se lo merece. Vamos a Clarice, el restaurante más exclusivo de la provincia. Puedo decir con toda seguridad que cumple con las expectativas con creces ya que se trata de una hermosa casa cerca del lago Victoria con un gran jardín iluminado por antorchas de kerosene en dónde se disponen mesas de ratán. Es la primera vez que tomo vino chileno en mucho tiempo y saboreo la copa lentamente dilatando el placer al máximo.  Para comer, me decido por cordero asado pero su sabor es demasiado fuerte y no logro terminar mi plato. ¡Cómo extraño el cordero de Magallanes!

Jueves 02 – 08 – 2012  

Es el último día de Francisca en Kisumu y se pasa toda la mañana tratando de acomodar dificultosamente todo su equipaje entre dos bolsos. Yo voy a la ciudad dónde debo imprimir documentos que serán necesarios para poder solicitar mi licencia para trabajar como médico en Kenya.

Estando en la ciudad paso a Roof Top dónde tengo Internet y me dedico a terminar un artículo para Africa Dream sobre los avances en el Programa de Nutrición y casualmente me encuentro con Mariana y Paloma así que bebemos algo mientras ellas me cuentan de su proyecto para la Universidad de Columbia. Ambas se encuentran finalizando un master en administración pública y han puesto en marcha un estudio sobre las diferentes características de los centros de salud de la provincia de Nyanza y están de acuerdo con compartir conmigo la información relacionada con el dispensario en Rota. Nos despedimos y acordamos vernos la semana entrante cuando llegue a Kisumu.

Mientras camino de regreso a casa pienso que siempre es bueno tener con quién hablar en español, especialmente ahora que Francisca vuelve a Chile. Es una lástima que ellas dejan la ciudad el fin de semana siguiente.

La tarde se prolonga de manera interminable. Francisca da vueltas en círculo por la casa buscando algo en que ocupar el tiempo y es evidente que está nerviosa. Nuestro bus sale a Nairobi a las nueve de la noche y Jay viene por nosotros cerca de las ocho. Lo acompañan Zamil y Agu y mientras subimos el equipaje en la maleta del auto Francisca se despide de Lily y Victoria en un abrazo cargado de promesas.

Durante el viaje nadie dice nada y el silencio sólo es interrumpido por la música. Canciones que Francisca conoce y ha incorporado a su propio repertorio musical, canciones que yo también conozco ahora. Recuerdo con nostalgia cuando llegué a Kisumu: me subí tímidamente en ese mismo auto y es increíble como en tan poco tiempo estos chicos que nos llevan al terminal de buses ahora son mis amigos.  Entonces miro a Francisca que va sentada al lado mío y veo como intenta sin éxito contener las lágrimas. Tomo su mano por un breve instante y mientras Jay detiene el auto en el estacionamiento intento entender que sucede en el interior de esta mujer que entregó un año de su vertiginosa vida en este lugar olvidado.

La despedida es breve. Francisca sólo se limita a enterrar su rostro en el pecho de estos tres grande hombres que se convirtieron en una verdadera familia para ella y ahora para mí. Mientras nos acomodamos en el bus, desde la ventana intentan hacernos sonreír sin mucho éxito.

Las luces del bus se apagan y con ello todo queda en penumbra. Sólo la claridad de la luna llena ilumina los valles de Kenya camino a la capital. Será un viaje largo y estoy seguro que no dormiré en todo el camino.

Viernes 03 – 08 – 2012  

Llegamos a la capital el Viernes de madrugada, hace frío y con Francisca estamos agotados por el viaje. La distancia entre Kisumu y Nairobi es de aproximadamente 250 kilómetros pero el viaje por tierra demora un promedio de 8 a 10 horas, lo cual dice mucho acerca de la calidad de las carreteras en el África Subsahariana.

Nairobi amanece nublado y Francisca me acompaña a la oficina dónde debo llenar un formulario de solicitud para la obtención de mi licencia para trabajar como médico en Kenya. El lugar está muy cerca del hostal y luego de presentar los documentos y pagar $20.000 chelines kenianos nos retiramos. Tendré que volver en dos semanas a la capital para retirar los papeles.

Pasamos el resto de la mañana en Diamond Plaza. También conocido como “Little India”, este centro comercial permite que cualquier persona interesada en conocer este país del sur de Asia, pueda tener una idea bastante cercana de lo que significa caminar por las calles de Mombai o Delhi. Ubicado en el corazón de Nairobi, Diamond Plaza está compuesto  por una multitud de pequeños puestos, cuyos pasillos se asemejan a un laberinto sin salida. Sastres y modistas muestran sus creaciones en pequeñas tienda. El olor a especias es inconfundible y el destello de los punjabis ricamente bordados con lentejuelas ilumina las vitrinas. En el centro, un colorido puesto ofrece una variedad de frutas que raras veces se observan en los mercados africanos regulares. Los teléfonos móviles, reproductores de música y otros aparatos electrónicos se venden junto a una gran selección de DVD falsos, y al lado del aparcamiento, una gran área está reservada para los puestos de comida rápida que sirven platos típicos de la India y Pakistán. Aquí nos sentamos a comer algo y en menos de treinta segundos tenemos a siete meseros hablando al mismo tiempo y poniendo el menú de su puesto encima de nuestras narices. La escena es cómica pero luego de intentar hacerlos callar durante cinco minutos con Francisca ya no queremos seguir sonriendo. Diamond Plaza puede estar en mal estado y no tener las comodidades de los grandes centros comerciales pero la sensación de haber cruzado el Océano Índico que te entrega el lugar no tiene precio.

Cocina India en Diamond Plaza.
Salimos de Diamond Plaza cargados de bolsas y con una sonrisa en nuestros rostros tomamos un taxi sin sospechar que la felicidad duraría poco. Cerca del hostal la policía detiene el auto y me piden que baje, Francisca me acompaña y uno de los oficiales la obliga a volver al auto. Durante los siguientes minutos me culpan de infracción a la ley del tránsito por no usar cinturón de seguridad en el asiento trasero y me dicen que acorde a las penas debo pasar la noche en la estación de policía. Mientras mi rostro se desfigura uno de los policías me sonríe y me dice “Mzungu, nosotros somos tus amigos y te damos la bienvenida a Kenya. Podemos olvidarnos de esto si nos das algo de dinero” y me regala una sardónica sonrisa. Yo tengo mis bolsillos llenos pero mi primera reacción es de total indignación y me niego a entregarles lo que me piden. Entonces los policías intercambian miradas y luego me dicen que si no les entrego el dinero entonces se llevarán a Francisca también. Francisca se pone furiosa y coge su teléfono intentando infructuosamente llamar al cónsul de Chile. No tiene caso, no contesta nuestra llamada. Los oficiales al ver que Francisca está llamando se asustan lo suficiente como para dejarnos ir no sin antes pagar $1000 chelines ($5000 pesos chilenos) un tercio de lo que inicialmente nos pedían. Una sensación amarga empaña mi llegada al hostal, hasta que me entero de que un turista ha debido pagar $3000 chelines por otra razón. Los funcionarios del hostal al escuchar nuestra conversación nos explican que  es día de pago en Kenya y la policía suele salir a detener el tráfico para obtener dinero por medio de sobornos. He decidido contarles esto porque es la única manera de dejar en evidencia al cáncer de la corrupción policial en uno de los países más ricos del África Subsahariana.

Así la policía de Kenya detiene el tráfico para sobornar a los civiles ¡Vergüenza!
En la noche la cerveza helada y la buena conversación distraen nuestra mente de los malos momentos vividos en la tarde. Entonces, en medio de la conversación escuchamos una gran explosión. Inmediatamente me pongo en contacto con Mathew, un amigo de los Estados Unidos que vive en Nairobi dónde trabaja como encargado del departamento de seguridad de CARE. Confirma mis sospechas; se trata de un nuevo atentado de Al-Shabaab, esta vez una bomba-suicida en una base de la fuerza aérea ubicada en Eastleigh, lejos del sector donde nos encontramos. Nos recomienda no salir hasta el día siguiente y terminamos pasando la noche en el hostal.

Sábado 04 – 08 – 2012  

El despertador suena temprano en la mañana. Las paredes del hostal son tan débiles que podemos conversar con Francisca con total normalidad a través de ellas y discutir sobre los planes para el día de hoy.

En la mañana salimos a recorrer el centro de la ciudad en busca de los últimos regalos que Francisca debe comprar antes de volver a Chile. Caminar por el área comercial es entretenido y nos detenemos en muchas tiendas. Si bien negociar el precio en los mercados tradicionales resulta divertido, cuando se vuelve repetitivo y tienes que discutir hasta el valor de tres tomates en la feria es gratificante tener todo etiquetado y  a un precio justo. Al mediodía vamos a un centro comercial dónde nos reunimos con Mathew y comemos en “Mediterranea” un restaurante italiano.

En la tarde dormimos una siesta en el hostal porque aún estamos algo cansados por el viaje del Jueves por la noche. Cuando el sol se oculta me llama mi amigo Derryck. Un sudafricano que trabaja piloteando aviones para distintas ONG principalmente a Sudán del Sur y República Democrática del Congo. Se ofrece a llevarnos al aeropuerto y nos invita a su casa dónde Francisca hace el chequeo de sus pasajes. Salimos a cenar a un lugar llamado “Osteria” otro restaurante italiano. No puedo creer mi suerte ¡Deliciosa comida italiana dos veces en un mismo día!

En la noche vamos a Diamond Plaza. En los estacionamientos uno puede aparcar el auto y en cuestión de segundos aparecen varios hombres para ofrecer Shishas o Narguiles que son pipas de agua para fumar tabaco. En su parte superior tienen una cacerola hecha de cerámica resistente al calor en dónde se coloca el carbón que servirá para encender el tabaco. Un aflautado cuerpo metálico conecta la cacerola con una base de cristal en cuyo interior hay agua y de ella sale una manguera por dónde se fuma. Derryck nos pregunta “¿Quieren fumar shisha?” aceptamos de buena gana y en unos minutos nos traen al auto dos pipas, una a cada lado del vehículo.

Pipas de narguile.
El tabaco utilizado se llama Molasses y es un tipo de tabaco especial que nada tiene que ver con el que se usa en los cigarrillos y puros, ya que se compone de hojas de tabaco bastante finas lavadas muchas veces y mezcladas con miel o saborizantes para conseguir que tengan algún sabor especial. Esa noche fumamos shisha con tabaco de naranja y sandía y luego Derryck nos deja en el hostal.

Domingo 05 – 08 – 2012  

Nairobi amanece cubierto de una espesa neblina y luego del desayuno Francisca va a la recepción para entregar las llaves de su habitación y pagar la cuenta mientras yo comienzo a sacar el equipaje.

Nos sentamos a esperar a Derryck y mientras las horas pasan volando pienso en lo lejano que se veía este día. Ahora Francisca vuelve a Chile y pasaré a convertirme en el único chileno en varios kilómetros a la redonda. Pasado el mediodía Derryck llega y me ayuda a dejar el equipaje de Francisca en el auto. La despedida en el aeropuerto es breve pero no por eso menos emotiva. Siento que se me aprieta el corazón en el abrazo final y mientras vuelvo al auto de mi amigo deseo haber dicho más.

Por la tarde me lo paso en el hostal hasta que Mathew me llama y quedamos en ir al cine a ver la última película de Batman. Logro distraerme y cuando llega la noche pienso en la soledad y cómo se configura de diferentes maneras. Yo creo haberla experimentado de muchas formas pero nunca una tan especial como ésta. Porque mientras escribo estas líneas tengo la profunda convicción de que nadie habla español en varios cientos de kilómetros a la redonda. Sólo queda pensar que tal vez Nietzsche no estaba del todo equivocado. Habrá que esperar para ver...

 “El valor de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”

Friedrich Nietzsche

lunes, 6 de agosto de 2012

QUINTA SEMANA EN ÁFRICA



Lunes 23 – 07 – 2012  

Ha llovido toda la noche. Son las siete de la mañana. Salgo de la habitación y me asomo a la ventana, afuera sigue lloviendo con fuerza. Vuelvo a mi cama y puedo escuchar los truenos. El aguacero no se detendrá en las próximas horas. Con esta lluvia es imposible caminar entre la espesa vegetación para llegar hasta el dispensario así que me comunico con Winifred quién me recomienda conseguir capa y botas para la lluvia. “No te preocupes yo voy camino a Rota así que quédate en casa” me dice.

Me quedo acá todo el día. Nuevamente nos cambian la fecha para visitar la casa en renta. Mañana es el día. Estoy ansioso por encontrar un lugar y la búsqueda no ha sido nada de fácil. Espero que la casa cuente con todo lo que buscamos y esté a un precio razonable.

Martes 24 – 07 – 2012  

Hoy podremos ir a ver la casa que se encuentra en renta. Nos levantamos temprano y nos ponemos en contacto con Shahiz, quién nos mostrará el lugar.  La casa se encuentra en Milimani, que es también el sector más seguro y bello de la ciudad. Tan sólo a unos cinco minutos caminando desde centro de Kisumu está Milimani Road, la calle principal y es aquí mismo dónde nos encontramos con Shahiz.

El lugar se encuentra cercado por una gran reja metálica y los frondosos árboles del jardín impiden ver más allá. Cuando entramos ante nosotros aparece una bella casa de concreto color blanco con ventanas y puertas de madera pintadas en tono celeste. En su parte delantera cuenta con un amplio porche dónde crece majestuosa una bella buganvilla que pinta de violeta el lugar con sus cientos de flores. Caminamos por un largo pasillo y llegamos hasta un pequeño patio trasero al fondo del recinto, dónde hay una pequeña casita también de concreto y pintada con los mismos colores. “Este es el lugar ¿Quieren entrar?” Nos dice Shahiz y nosotros lo seguimos.

La casa es pequeña y todas las ventanas están equipadas con mosquiteros. Entramos a un estrecho recibo de 3 metros de profundidad y 2 metros de ancho que conecta el resto de las habitaciones y funciona como salita de estar. El lugar cuenta con un baño y una pequeña cocina y al fondo dos dormitorios. Salimos y negociamos el precio: $25.000 chelines kenianos con el agua y la electricidad incluidas (aproximadamente $120.000 pesos chilenos).

Nos despedimos de Shahiz y mientras caminamos por Milimani Road Francisca me pregunta “¿Quieres ir al Lago Victoria? Conozco un lugar no muy lejos de aquí” y acepto en seguida. Hacemos camino por más de media hora y llegamos a Kiboko Bay un pequeño complejo turístico a orillas del lago. Al pararme frente a la bahía siento sorpresa y rendición ante la inmensidad del paisaje y la imponente presencia de la naturaleza. En la orilla descansan embarcaciones que con sus vivos colores pintan las aguas dónde florecen los nenúfares. El horizonte es interminable y puedo imaginar las colinas de Uganda y Tanzania perdidas en el infinito.

Nenúfares abundan en las orillas del lago.

Embarcaciones de vivos colores te permiten dar una vuelta al lago para ver los hipopótamos.

El pequeño muelle en Kiboko Bay.
El Lago Victoria es el segundo cuerpo de agua dulce más grande del mundo, y el lago más grande del África, con una superficie de 68.800 kilómetros cuadrados y una extensión que se reparte entre Kenia, Tanzania y Uganda. A pesar del tamaño del lago, la mayoría de la población que vive en los alrededores no tiene acceso a los servicios de agua y Kisumu no es la excepción.

Una bella postal del lago.

Francisca sonriendo para la cámara.
Ha sido un día maravilloso y me siento aliviado de encontrar al menos un lugar para la renta. Es medianoche y antes de dormir le doy un gran abrazo de cumpleaños a Francisca y ambos nos reímos pensando que, en Chile, aún no es medianoche y falta muchísimo para que comiencen los saludos del otro lado del Atlántico.

Miércoles 25 – 07 – 2012  

Mi despertador suena a las 6:30 de la mañana. Nunca suelo despertarme tan temprano pero hoy es el cumpleaños de Francisca y planeo continuar con el tradicional desayuno de cumpleaños.  Me voy al baño y luego de unos chorros de agua helada ya estoy lo suficientemente despierto como para poner todo en orden.  

Con Lily vamos preparando para el desayuno y sobre la mesa hay galletas, queques bañados con leche de coco y los chocolates.  Luego envolvemos los regalos y los dejamos junto a las cartas de felicitaciones. Cuando ya son las 8:00 de la mañana voy a despertar a Francisca y al salir del mosquitero, aún dormida, coloco sobre su pelo castaño una pequeña corona de metal que deberá usar el resto del día. Me sonríe y nos vamos de la mano hasta la salita de estar dónde abre sus regalos y sopla las velas no sin antes pedir un deseo.

Me voy corriendo a Rota porque ya voy saliendo tarde. A pesar del atraso aún no llegan pacientes y con Benter y Jennifer conversamos acerca de las casas en renta y al cabo de unos minutos se nos une Winifred a la discusión y termino por comprender que acá en África es muy difícil encontrar algo y me siento con un poco de suerte.

El Programa de Nutrición está más activo que nunca. Trabajo sin descanso desde las 10:30 hasta las 14:30 y son cerca de 15 pequeños que debo examinar y categorizar. Son las 13:50 y ya estoy exhausto cuando veo entrar en el dispensario a Evalyn y cuando ve mi expresión de incredulidad se sonríe y me dice “He vuelto como usted me dijo”. Intercambio miradas con Benter y ninguno de los dos puede creer que esté tan comprometida. Su llegada me llena de energía y logro volver a casa a pesar de que el hambre me está matando.

En la casa Lily ha cocinado chapatis y ha matado a una gallina y yo decido no comer porque he visto al pobre plumífero amarrado de una pata a nuestro porche durante los últimos cinco días.

Chapatis y pollo: el almuerzo de Lily para el cumpleaños de Fran.

En la tarde le digo a Francisca Ponte la corona porque vamos a ir a The Laughing Buddha” y me responde con una de sus grandes sonrisas. Tomamos un Tuk-Tuk y mientras viajamos rumbo a la ciudad su celular no deja de sonar. Son sus amigos y su familia que la llaman de Chile para saludarla. Cuando llegamos a la ciudad pedimos unos milk-shake de Ferrero Rocher y nuestro mesero le pregunta Francisca “¿Por qué estás usando una corona?”. Cuando se entera de que es su cumpleaños recibimos un pequeño brownie de chocolate con una velita encendida como cortesía de la casa.

Francisca luciendo su corona de cumpleaños.

Los milk-shakes de "The Laughing Buddha".
Terminamos la noche en Roof Top dónde Victor, uno de los meseros, nos toma por sorpresa al colocar a todo volumen en la azotea del edificio una canción de Feliz Cumpleaños. Nosotros nos destornillamos de la risa mientras deseamos que nos trague la tierra.

Jueves 28 – 07 – 2012 

La comunidad india ha estado en Kenia durante cientos de años. Es así como sus influencias culturales se han entrelazado profundamente con las de Kenia. Una gran tradición que los indios ha introducido en el país es la koroga.

La koroga (“revolver la olla” en kiswahili) consiste básicamente en cocinar fuera de casa. El objetivo es compartir, estar en buena compañía, contar chistes y disfrutar de una bebida al aire libre. Quienes cocinan son tradicionalmente los hombres. Nuestro grupo de amigos encabezados por Jay organizaron una koroga sorpresa para celebrar a Francisca y yo debo llevarla.

El grupo queda en reunirse con nosotros en la ciudad y cuando cae la noche Francisca y yo los esperamos en un punto del centro. Nafiz y Aslam pasan a buscarnos y nos dirigimos a Milimani. Luego de unos minutos llegamos al lugar.

En un enorme terreno rodeado de grandes árboles hay una mesa al aire libre. En un rincón Jay y Agu están revolviendo una gran olla y el olor a pollo y especias envuelve el ambiente. Está oscuro y puedo advertir que hay otras mesas dispuestas alejadas unas de otras y entre ellas se pasea un mesero ofreciendo algo para beber. La noche está fresca y las luciérnagas iluminan los árboles. “¿Ves esas sombras moviéndose en el cielo?” me pregunta Francisca y yo niego con la cabeza porque en esa oscuridad es imposible ver algo “Son murciélagos ¿Puedes escucharlos?” y entonces agudizo mis sentidos y puedo oírlos murmurar entre las ramas de los árboles.


Con Agu y Fran en la Koroga.
La noche se nos va en conversaciones improvisadas en una torre de Babel dónde saltan disparadas palabras en inglés, hindi y español. Entonces Jay y Agu me piden que vaya por la torta que hemos pedido para la ocasión: bizcocho de chocolate relleno con crema de chocolate y coco. La señora que hace las tortas ha decorado la de Francisca inspirada en Bollywood. Terminamos la velada comiendo pastel y riendo de buena gana.

La torta.
Viernes 27 – 07 – 2012 

Hoy desperté con una sensación extraña. Quedan pocos días para que Francisca vuelva a Chile y a medida que la fecha se acerca los nervios me van dominando de tal manera que me cuesta trabajo pensar con claridad.

Salimos temprano. Francisca está aprovechando sus últimos días en Kisumu para impartir clases de informática a los jóvenes de Street Youth. Es increíble lo rápido que aprenden y el enorme interés que muestran en cada clase. Hoy les enseñará a utilizar Internet.

Nos bajamos del matatu en Agha-Khan y nos despedimos afuera del KDH. Ingreso al recinto y paso las próximas dos horas sentado en una pequeña antesala esperando al Dr. Otedo. Necesito excusarme por mi ausencia de las últimas semanas y mi viaje a Nairobi en los próximos días. La espera es en vano. Como es habitual no pareciera tener intenciones de aparecer por su despacho y me siento algo decepcionado. Intento buscar algún medio de comunicación más efectivo pero la negativa por parte del personal al solicitar su e-mail me deja nuevamente en el punto de partida. “El doctor vendrá en unos minutos más” me explica una de sus secretarias. Entonces decido esperarlo por otros 30 minutos, aún sabiendo que en África el tiempo se rige por escalas diferentes y es probable que los minutos se transformen en horas. Finalmente mi vaticinio se cumple y termino dejando una nota en inglés y me retiro esperando que pueda leerla.

Al mediodía nos encontramos con Francisca en el Jomo Kenyatta Park y almorzamos en Green Garden. En la tarde visitamos a Zinma, una india musulmana amiga de Francisca que conseguirá un traje indio para ella. Mañana será el matrimonio de Kavit y Arshana y ambos estamos invitados.

En la tarde nos dedicamos a ver los últimos detalles de la casa. Es complicado poner las cosas en orden cuando se debe coordinar todo desde Chile pero, a pesar de la distancia, Consuelo pone todos sus esfuerzos en lograr que las cosas se resuelvan con celeridad.

En la noche vamos a Milimani, estamos invitados a cenar a la casa de Agu, Nafiz y Zamil. Su familia nos está esperando con una cena típica de la cocina india musulmana. Ellos se disculpan por haber comido antes, acá es Ramadán y para los musulmanes el ayuno es total desde las cinco de la madrugada hasta las siete de la tarde, así que es comprensible que no nos hayan esperado para comer. En la mesa han dispuesto dos lugares para nosotros y la madre de Agu ha preparado especialmente para nuestra visita biryani. Este plato tiene un origen desconocido, algunos piensan que es de Persia debido a que la denominación proviene del persa beryān que significa "frito antes de cocinar". Es un plato típico de la cocina india musulmana y se elabora con arroz basmati, carne de cabra y una serie de condimentos que contribuyen de forma elemental a su particular sabor: clavor de olor, cardamomo, canela, laurel y menta. El arroz se suele freír en aceite con jengibre, cebollas, ajo y yogurt. ¡Delicioso!

Luego de la cena Agu me trae el traje que me prestará su hermano Nafiz para el matrimonio de mañana. Yo miro con incredulidad el atuendo porque no termino de creerme que tendré que ponerme algo como eso al día siguiente.

En la noche vamos a Roof Top y me encuentro con Paloma de España y Mariana de Perú. Ambas han estado trabajando para un estudio de la Universidad de Columbia y compartimos unas cervezas mientras intercambiamos impresiones acerca de África, España y América Latina. Se muestran interesadas por el trabajo de Africa Dream y me dan consejos para obtener  información estadística sobre las diferentes enfermedades en una base de datos en internet proporcionada por el gobierno que sin duda será de utilidad para los proyectos que quiero desarrollar más adelante. Al terminar la noche decidimos volver a encontrarnos la semana entrante.

Sábado 28 – 07 – 2012  

Son las 11 de la mañana y despierto de buen humor. Con Francisca estamos solos en casa. Mientras ponemos algo de orden en nuestra habitación discutimos sobre los detalles del matrimonio entre Kavit y Arshana al cual estamos invitados. Andrea y Francisca han estado en ceremonias indias de este tipo antes, pero las familias eran musulmanas. La que se celebra hoy en la tarde es una auténtica boda hindú, por lo tanto, será diferente.

Luego del almuerzo Agu nos llamar para decirnos que pasará por nosotros a las tres de la tarde y nos llevará hasta el templo dónde se lleva a cabo la ceremonia. Los novios se comprometieron, como es la tradición, a través de un arreglo entre sus respectivas familias. Kavit y Arshana no se han visto muchas veces ya que la novia vive con su familia en Madagascar.

Nos arreglamos para la ocasión y mientras vamos vistiéndonos con los atuendos típicos, nos reímos a carcajadas de nuestras pintas. Francisca luce radiante con un traje largo de color rosado claro con cuentas y delicados detalles en hilo dorado y unos pantalones verdes confeccionados con la misma tela. Encima del atuendo y cubriendo la mitad de su cuerpo, cae vaporosamente un delicado pañuelo transparente con flores hechas de hilo y cuentas doradas. Yo uso una chaqueta dorada de cuello alto con cuentas tejidas con hilo granate en el cuello y los puños. La tela es gruesa y cae recta por debajo de mis rodillas y un corte a la altura de las caderas por ambos lados me permite caminar con libertad. Los pantalones son de una tela muy delgada de color blanco. Un pañuelo dorado y rojo rodea mi cuello y cae hacia el suelo. Mis zapatos son de madera y tienen un complejo tejido dorado y granate con pequeñas cuentas. Ambos trajes han sido confeccionados a mano en la India.


Con el traje listo para ir al matrimonio.
Cerca de la hora señalada Agu nos llama para avisarnos que está afuera de la casa. Con Francisca intercambiamos una mirada cargada de vergüenza. ¡Vamos a salir con esta pinta! Sin duda en Chile habrían pensado que nos dirigíamos a una fiesta de disfraces. Agu nos deja a las puertas del templo y se despide.  

El templo está situado en el sector de Agha-Khan y es un edificio blanco de dos plantas flanqueado por una gran reja metálica del mismo color. Al ingresar, un pequeño jardín interior aparece ante nosotros y una alfombra nos indica el camino hacia el salón principal que se encuentra tapizado de blanco y rojo y decorado con cientos de pequeñas luces parpadeantes. En su interior se disponen varias sillas de plástico. Entramos tímidamente y nos situamos al fondo del templo mientras todas las miradas se clavan en nosotros. No importa que nuestros atuendos sean típicos, nuestros rostros delatan lo evidente: no somos indios.

La ceremonia gira en torno al Brahman, la gran autoridad religiosa y está llena de símbolos y prácticas que tienen por propósito enseñar a la pareja lecciones para su futura vida en común. Los tres rituales básicos de esta ceremonia son: el “Homa” dónde Kavit y Arshana encienden la pira y hacen una ofrenda al fuego; el “Panigrahena” que indica el vínculo de unión entre los novios y el “Satapadi”, que consiste en la consecución de siete vueltas alrededor del fuego sagrado. Al completar estas vueltas, se acostumbra a cantar mantras en sánscrito y el Brahman lee algunos textos sagrados, para invocar bendiciones a la unión de la pareja.

Mientras se desarrolla la ceremonia, se reparte té chai entre los invitados. Esta bebida se origina en la India cuando los ingleses deciden plantar té en el siglo XIX para evitar el monopolio de China. La bebida contiene té, leche, clavos de olor, canela, cardamomo, jengibre y anís. En su elaboración, la preparación y calidad de las especias es un aspecto básico. Hay que comprar todo de la mejor calidad posible y lo ideal es que las especias sean enteras para luego machacarlas y así, liberen todo su aroma sin perderlo demasiado rápido. La preparación requiere de trabajo y conocimiento por lo que es un gran gesto ofrecer esta bebida a los presentes. Yo pruebo mi té y mientras el aroma de los clavos de olor y la canela me envuelve, me siento afortunado de estar ahí.

La gran riqueza ceremonial de la boda, se complementa con el colorido del vestuario de los novios. Arshana lleva un traje rojo, con múltiples adornos y bordados en hilo de oro y está ataviada de joyas y abalorios. Kavit viste, al igual un vestuario de fiesta, en algodón blanco con delicados bordados.

Luego del “Satapadi”, Kavit y Arshana leen unos pasajes sagrados, y enseguida, se intercambian una serie de amuletos. Kavit, como muestra de aceptación de la novia, ata un collar de flores alrededor de su cuello, como símbolo de fidelidad y de felicidad. Finalmente, para indicar el nuevo estado de la novia, Kavit rocía sobre su pelo un polvo de color rojo, lo que indica que Arshana ya está casada. Una vez casados, los novios, reciben una lluvia multicolor de pétalos de rosas como símbolo de prosperidad.


Kavit colocando la corona de flores en símbolo de aceptación de la novia.
Los invitados se comienzan a poner de pie. Han pasado cerca de cuatro horas y afuera ya oscurece. “Vamos a saludar a Kavit y Arshana” me dice Francisca con picardía. Nos colamos entre la multitud como si caminásemos por las calles de Mombai, llegamos hasta el altar y nos sacamos una foto con los novios.


La foto oficial con los novios.
Volvemos a casa en Tuk-Tuk y mientras nos dirigimos a Riat, entre risas recordamos la cara de incredulidad de algunos de los presentes. Somos dos blancos vestidos con trajes típicos de la India, en una ceremonia dónde entre un centenar de personas, sólo conocemos al novio y aún así, terminamos en el altar tomándonos una foto con toda su familia. ¡Sin duda recordaré este día por siempre!

Domingo 29 – 07 – 2012 

El cierre de esta semana es para pensar en lo todo lo que me ha sucedido desde que tomé la alocada decisión de dejar todo en mi país y venir hasta acá hace ya casi seis meses.

Configuro en mi cabeza una lista imaginaria y al cabo de un par de horas, la columna de lo “Bueno” está llena de elementos y la columna de lo “Malo” está realmente vacía. Puedo imaginar las caras de incredulidad de muchos de ustedes preguntándose ¿Dónde está la falta de agua? ¿Dónde quedan las cucarachas? ¿Qué sucede con los problemas en la casa? No los culpo, yo también me hice las mismas preguntas.

Termino pensando en cuánto tiempo invertimos en etiquetar todo lo que sucede en nuestro día a día ¿Tiene algún sentido? Yo creo haberle encontrado al menos uno. Si tienes algo de tiempo intenta hacer una lista y verás.

Todo lo malo que nos ocurre están ahí para conducirnos a algo bueno. Ten un poco de paciencia. Ya lo verás. 

lunes, 30 de julio de 2012

CUARTA SEMANA EN AFRICA


Lunes 16 – 07 – 2012  

Comienza otra semana en Kisumu. Me levanto temprano, sin apremio cómo se hace todo en África mientras voy preparando mis cosas para salir temprano a Rota. En el camino, como es costumbre, voy cruzándome con la gente de la zona. Ya se ha hecho rutina intercambiar saludos en el idioma local. El cielo está nublado y una inusual brisa refresca mi piel bañada en sudor.

Luego de casi una hora de caminata por las plantaciones de maíz llego a Rota. En el dispensario, como era de esperarse, no hay nadie. Acá no es costumbre llegar temprano y se trabaja sin horario. Nuevamente me siento a esperar a que alguien más llegue y llene el silencio con sus palabras. Luego de varios minutos de espera aparece Benter, una de las Community Health Worker. Durante la siguiente hora nos dedicamos a matar el tiempo conversando trivialidades. La acompaño a buscar algunas cosas y cuando salimos su paso seguro se interrumpe abruptamente a mitad de camino y mirando hacia el cielo gris dice “Hoy va a llover. No, no será hoy, sino dentro de los próximos días” y yo la miro y mientras reanudamos nuestro andar espero que llueva pronto.

Cuando volvemos al dispensario ya hay un puñado de personas esperando para ser atendidos. Una vez adentro, nos encontramos con la Clinical Officer: Winifred, una mujer joven, alta, de cabellos largos y trenzados. Muy amable en el trato y siempre dispuesta a ayudar, sin embargo, hoy no se encuentra de buen humor y mientras ordena unas cajas en la farmacia me dice “No podremos trabajar juntos como habíamos acordado. Necesito que veas pacientes tú solo ¿Puedes hacerlo?”. Luego suspira ruidosamente y agrega “No llegará nadie más. Hay campaña de vacunación masiva para inmunizar a todos los menores de 5 años contra la poliomielitis así que somos sólo tú y yo”. No me queda otra cosa por hacer que aceptar su propuesta.

Las próximas cuatro horas pierdo la cuenta de la gente que va apareciendo. Tengo afortunadamente a alguien que traduce al inglés todo lo que los paciente me dicen en el idioma local. Al final de la jornada he visto más casos de sarampión en un día de los que muchos colegas en mi país verán a lo largo de toda su vida.

Son las 14:00 y estoy exhausto y sudoroso. Mis labios están secos y he olvidado traer conmigo algo de agua. Comienzo a preparar mi bolso y al salir me encuentro con una niña joven, con dos pequeños, uno de ellos visiblemente desnutrido. Benter resopla molesta “Se llama Evalyn, sus hijos están en el Programa de Nutrición y ella sabe que tiene que venir los días Miércoles pero se comporta cómo si nada le importase”. Resignado dejo mi bolso en el suelo y busco entre los archivos los registros de ambos pequeños. Al revisar me doy cuenta que la última vez que vino al dispensario fue en Abril. Desde entonces se la ha citado en incontables oportunidades pero no se presenta. Miro incrédulo a la madre quien esquiva mis ojos y le pregunto “¿Por qué no has venido antes?” y ella comienza a sonreír y sin devolverme la mirada responde “He estado muy ocupada. No tengo tiempo para venir siempre” luego, con una risa sonora agrega “He venido hoy porque necesito suplemento. No tengo comida para darles”. Intercambiamos miradas con la Community Health Worker y ella me dice “No me mire a mí doctor, esta niña es una irresponsable y yo no voy a darle más alimentos”. Mi mirada va a parar al pequeño en brazos, su nombre es Daniel. Está enflaquecido, con su barriga abultada y cubierto de barro. Durante los próximos segundos (que parecen una eternidad) me debato entre darle el suplemento o seguir el protocolo (si no sigo las reglas, desde el distrito cerrarán el Programa de Nutrición). Resignado le explico a Evalyn que debe ser responsable y que la vida de sus dos pequeños depende de la seriedad con la que ella asume los compromisos “Este Miércoles te voy a esperar y si vienes examinaré a los pequeños y les daré el suplemento que les corresponde”. Ella parece no estar entendiendo mis palabras. “Si no vienes. Entonces quiere decir que no te importa y los sacaré definitivamente del Programa ¿Entiendes?”. Entonces, Evalyn se pone de pie y comienza a reír estrepitosamente pero casi en seguida, su rostro se endurece y comienza a gritar en el dialecto local algo que no entiendo pero seguro son insultos. Benter me traduce “Dice que no piensa volver. Está ocupada y no puede perder el tiempo dos veces la misma semana”.

Me retiro cansado y agobiado porque no logro entender el funcionamiento de la medicina en África. El trabajo es empírico: todos los tratamiento antibióticos son sólo por cinco días, las dosis no son justas sino que aproximadas y muchas veces hay que recetar en cantidades menores a las indicadas porque la farmacia no tiene la suficiente cantidad como para dar más de un frasco por cada pequeño. Cuando termino de atender a los pacientes siempre me pregunto si habrán entendido bien las indicaciones o si comprenden mis intenciones.

Durante la tarde reflexiono acerca de las similitudes y diferencias de mi trabajo. Siento que mis actos son insignificantes en comparación con todas las necesidades que existen y lo poco que hago, lo hago a medias. Recuerdo que Andrew me dijo en el aeropuerto de Ciudad del Cabo antes de subirme al avión “Piensa que tú presencia en Rota ya es suficiente”.  Me voy a la cama tratando de incorporar a mi quehacer esa frase. ¡Cuesta tanto! Esa noche sueño con Daniel. Se ha muerto y es mi culpa. Me despierto sudoroso y el mosquitero me aprisiona el pecho. “¿Qué pasará con el pequeño si su madre no llega el Miércoles?”.

Martes 17 – 07 – 2012  

Hoy no quería escribir. Mi madre me aconsejó no hacerlo si los sentimientos que me rondaban eran oscuros. No voy a Rota. Con Francisca fijamos una reunión con Silas, nuestro referente local, con quién tenemos que resolver algunos asuntos que han salido a flote la última semana y que nos han tenido bastante distraídos.

Hay problemas con la casa. Compartir espacio físico con otras personas es siempre un acto de voluntad y tolerancia. Esto cobra mayor significado cuando la gente con la que vives es de otra cultura. ¿Qué haces cuándo las personas con las que vives manifiestan expresamente que te quieren fuera de su casa? ¿Cómo mantienes una convivencia sana cuando una de las partes se niega a dialogar? Africa Dream intenta en vano resolver estas diferencias pero las millas de distancia diluyen los esfuerzos y cada día que pasa me siento más y más aislado. Estamos buscando un nuevo lugar dónde quedarnos y espero que lo encontremos pronto.

Sumado a esto la idea de quedarme solo en África, sin la compañía de otro chileno, resulta insoportable. Me han dicho desde la fundación que llegarán dos voluntarias: la primera en Septiembre y la segunda en Octubre. Pienso en Juan Pablo que lleva meses en Sudáfrica solo y admiro su entereza. Sin duda tengo que aprender de él y no dejar que estas pequeñeces empañen la felicidad que llena mis días.

Miércoles 18 – 07 – 2012  

Mi día favorito es el Miércoles. El Programa de Nutrición me permite traspasar las barreras del idioma y trabajar con mayor independencia.

En el dispensario es otro día más. Los pronósticos de lluvia de Benter hoy parece ser que se cumplirán. El cielo está gris y las nubes amenazan con iniciar su concierto de truenos y relámpagos.

Los niños comienzan a llegar alrededor de las 10 de la mañana y no cabe más alegría dentro de mí cuando entre las madres diviso a Evalyn. Lejos de mostrarme indiferente le estoy inmensamente agradecido por haber traído a Daniel a Rota. Lo tomo en brazos y me sonríe. Es una sonrisa débil, casi imperceptible, pero me basta para saber que hoy, cuando vuelva a casa con los suplementos, se encontrará seguro. Cito a los pequeños para la siguiente semana esperando que Evalyn cumpla. Un sentimiento amargo me invade mientras la veo marcharse. Es seguro que no vuelva hasta dentro de unos meses cuando la vida del pequeño Daniel se esté extinguiendo nuevamente.

El resto de la mañana continúo con los demás pequeños. Algunos están mejor, otros no logran salir adelante. Nuevamente hay un egreso y dos ingresos. La dinámica no varía, son las mismas caras de cuencas profundas y miradas melancólicas. Cambian sus nombres pero sus menudas existencias parecieran formar parte de algo más grande, uniforme y colectivo. Es el hambre de África que tiene aspecto infantil, inocente y frágil. Es la historia de un problema que pareciera nunca acabar.


Los suplementos del Programa de Nutrición.

Los niños de Rota siempre sonríen.
Éstos últimos días caminando de vuelta a casa me ha ocurrido algo singular. Siempre a mitad de camino me encuentro con un puñado de pequeños de diferentes edades que me siguen para tocar mi mano. Cuando los alcanzo con mis blancos dedos parecen debatirse entre el miedo y la excitación y el verde valle se llena con sus risas nerviosas. Entonces reanudo mi camino. Al cabo de 20 minutos siento una presencia. Me doy vuelta ¡Siguen ahí! ¡Me han seguido todo el camino de vuelta! Me regalan sus sonrisas pero guardan cierta distancia. Es increíble la fascinación de estos pequeños por el color de mi piel.

Durante la tarde hablo con Consuelo sobre los problemas que hemos tenido recientemente. Es increíble que estando tan lejos podamos tener una comunicación tan fluida. Es gratificante saber que aún en la distancia, ella entiende lo que nos sucede y trabaja para encontrar una solución.

Al caer la noche llamo a mi tía Sandra para desearle un feliz cumpleaños. Escucharla al otro lado del teléfono es como tenerla aquí conmigo. La conversación es breve pero sólo bastan unos segundos para sentir su calor. Cierro mis ojos y caigo dormido imaginando la gran mesa de su casa llena de delicias dulces hechas por una de sus hijas, Alessandra, quién con tan sólo 20 años, cocina como una chef profesional.



Jueves 19 – 07 – 2012  

Hoy me desperté temprano. Francisca sale y entra al dormitorio. Está enferma desde ayer en la noche y sus carreras al baño no le dan respiro. Me levanto de la cama y al incorporarme algo extraño me sucede. Seguro es la ansiedad de tener que salir a buscar un nuevo lugar dónde vivir y no tener idea de por dónde partir.

Luego de varias conversaciones con Africa Dream decidimos buscar un nuevo lugar dónde vivir. El problema se presenta porque acá buscar una casa no es tarea fácil. El negocio inmobiliario es prácticamente inexistente y el precio no está dado tanto por las dimensiones del lugar o los servicios con los que cuenta, como por el color de la piel del interesado en rentarla. Sabemos que necesitamos alguien que nos ayude y Jay (como es costumbre) se ofrece a darnos una mano.

Llegamos a Kisumu por la mañana y nos ocupamos de nuestros asuntos en el banco y el supermercado. Cuando nos reunimos con Jay ya casi es mediodía. Nos tiene buenas noticias. Existen dos propiedades en renta, ambas con electricidad y agua. El valor es discutible pero nuestro amigo cree que puede conseguirnos un precio justo. ¿No es ésa acaso una habilidad indiscutible de los indios?

Mientras Jay habla en swahili con los propietarios nosotros esperamos pacientes. Cuando corta la comunicación nos sonríe y nos dice “Está todo listo. Las he conseguido a un buen precio. Podemos ir a visitarlas mañana temprano”. Con Francisca le damos un abrazo cargado de gratitud y le prometemos invitarle una cerveza al día siguiente.

Nos quedamos en la ciudad para comer algo y luego volvemos a Riat. “¿Tomamos un Tuk-Tuk?” me pregunta Francisca “No me siento bien. Creo que estoy enferma” y mientras volvemos a casa a saltos dentro del pequeño vehículo yo comienzo a sentirme fatigado. Llegamos a casa y ambos nos acostamos y pasamos durmiendo gran parte de la tarde. El calor y la humedad pisotean nuestros cuerpos y al caer la noche ambos estamos algo débiles. “Creo que todo esto es porque estamos preocupados por conseguir una casa” escucho la voz de Francisca desde la parte superior del camarote. “Seguro no es nada. Mañana cuando encontremos un nuevo lugar dónde vivir todo se resolverá”. Sus pensamientos son ciertos, pues ninguno de los dos logra conciliar el sueño y nos quedamos conversando hasta la madrugada. Afuera llueve furiosamente.

Viernes 20 – 07 – 2012  

Francisca sigue enferma. Ninguno de los dos durmió lo suficiente anoche pero estamos ansiosos por ir a ver los lugares que escogió Jay así que salimos rumbo a la ciudad. Cuando llegamos a Kisumu nuestro amigo no nos tiene buenas noticias. “Parece ser que una de las casas podrán verla recién el Lunes y la otra mañana” nos dice “Lamento haberlos hecho venir hasta acá” agrega y nosotros le damos las gracias de todos modos porque sabemos que no es su culpa. Nos despedimos, no sin antes dejarlo invitado para la noche.

Vuelvo a casa desanimado. Tengo tantas preocupaciones en mi cabeza que no he tenido tiempo para hablar con el Dr. Otedo y explicarle que entre la búsqueda de una nueva casa, el permiso para trabajar y el viaje a Nairobi será mejor que suspenda mis actividades en el KDH hasta Agosto.

En la noche salimos con nuestros amigos. Vamos a Green Garden. Todos parecen muy animados pero luego de media hora comienzo a sentirme muy mal. Estoy helado y un fino sudor moja mi frente. “¿Te sucede algo?” pregunta Francisca y yo me limito a asentir discretamente con la cabeza y luego desaparezco por unos 20 minutos. Encerrado en el pequeño baño del lugar vomito varias veces. Cuando salgo Francisca me está esperando. Le  cuento lo que me ha pasado y le pido que no le diga nada a nadie porque no quiero arruinar la salida.

El resto de la noche me la paso tomando agua. Llego a casa sintiéndome fatal. Sólo quiero dormir.

Sábado 21 - 07 - 2012  /  Domingo 22 - 07 - 2012 

El fin de semana me lo paso en cama. Los vómitos y la diarrea no me dan tregua. Me siento débil y no puedo salir de la cama. Nos han cambiado la fecha de las visitas a las casas nuevamente. Comienzo a preocuparme y todo eso empeora mi malestar.

He intentado escribir pero no tengo energías. El agua se acabó nuevamente y la que sale del pozo está demasiado sucia como para arriesgarme a utilizarla en estas condiciones. Francisca saldrá a la ciudad para comprar más agua. Mientras espero que regrese me termino la última botella y escribo estas líneas.

África no es para los sensibles escuché decir en varias oportunidades. Yo estoy convencido de que es una mirada errada que hay que cambiar. 

Este continente pide a gritos que su sufrimiento sea tomado en cuenta de verdad. Pide que occidente deje de entregar ayuda monetaria, la que inevitablemente termina siempre en el fondo de unos cuántos bolsillos. Pide que la hipocresía de los juegos políticos de quienes en América del Norte y Europa manejan los hilos de sus marionetas de ébano detengan la venta de armas a cambio de granos de café, hojas de té, diamantes y petróleo. 

África sí es para los sensibles, aquellos que aún lloramos su hambre, nos conmovemos con su pobreza y sufrimos con su injusticia.  Mientras pienso en esto en la tranquilidad de mi habitación, afuera la lluvia cae inclemente. África llora, una vez más. ¿La puedes escuchar?


Llueve fuerte sobre las praderas de Kenya.