miércoles, 8 de agosto de 2012


SEXTA SEMANA EN ÁFRICA

Lunes 30 – 07 – 2012  

Una de los mejores aspectos de vivir fuera de Chile es que tu lista de contactos crece a la velocidad de la luz y termina convirtiéndose en un verdadero directorio telefónico. Uno de mis nuevos contactos es un keniano al que conocí hace una semana y que casualmente trabaja en el negocio inmobiliario. Su nombre es Saidi y pertenece a la tribu Luo, la predominante en esta zona. Como la mayoría de los hombres Luo, es de baja estatura y cuerpo delgado, con grandes ojos negros y una sonrisa generosa. Saidi amablemente ha quedado en mostrarme hoy una propiedad que está en renta en un sector de la ciudad llamado Nyalenda.

Salimos con Francisca rumbo a la ciudad. Tomamos el mismo matatu, pero yo me bajo en el centro de Kisumu mientras ella continúa su viaje hacia Kondele dónde dictará la última clase de computación a los jóvenes de Street Youth.  Camino por las calles de la ciudad y me encuentro con Saidi afuera de un hotel. Tomamos un Tuk-Tuk y luego de negociar el precio, viajamos por alrededor de 15 minutos hasta llegar a Nyalenda.

Nyalenda es un polvoriento sector al sur de Kisumu. Una caminata de cinco minutos por los estrechos caminos de tierra es más que suficiente para preguntarse si existen políticas públicas en Kenya que se ocupen de las personas que viven en condiciones tan deplorables. El sector se compone de una multitud de chozas de material ligero en cuyos alrededores transitan hombres, mujeres, ancianos e incluso niños en un estado de barata hipnosis inducida por fármacos. Sus ojos aturdidos, inyectados de sangre, son un verdadero espectáculo de escapismo a la desesperanza que rodea esta zona. Los niños cubiertos de harapos, juegan en el barro, ajenos a lo que sucede a su alrededor. Aquí, los extraños son vistos con desconfianza. Pero caminando por los barrio con Saidi me siento seguro.

Niña de Nyalenda.

En Nyalenda abundan los “Flying Toilets” o “Inodoros Volantes", concepto que sirve para describir cómo los residentes del barrio hacen sus necesidades en bolsas de polietileno, debido a la falta de un sistema de aguas residuales, y luego las tiran descuidadamente sobre el camino. Los "Inodoros Volantes” y el flujo de las aguas residuales de los barrios bajos en las inmediaciones del Lago Victoria no sólo pone en peligro su ecosistema acuático, sino también la vida de los habitantes de Kisumu que utilizan las aguas del lago para el consumo y uso doméstico

Hora del baño en Nyalenda.
Calles de Nyalenda.
En semejante escenario ya he tomado mi decisión pero no quiero ser descortés con Saidi así que acepto ver la casa que quiere mostrarme. El lugar, contra todo pronóstico, está en excelentes condiciones. Es amplio y tanto puertas como ventanas están aseguradas con barrotes metálicos. Cuenta con dos habitaciones, sala de estar, cocina y baño. Desafortunadamente la inseguridad del sector es evidente y el perímetro está rodeado de casas en demolición, por lo que hay mucha gente circulando alrededor y yo soy el único blanco en un radio de cinco kilómetros. Tomo algunas fotos y luego regreso a la ciudad.

En Green Garden tenemos una reunión con Francisca y Silas porque Africa Dream necesita que nuestro referente local entregue su impresión de las casas de Milimani y Nyalenda para tomar una decisión. Pasamos toda la tarde volviendo a visitar ambas casas y Silas se inclina por el lugar en Milimani. Ahora sólo queda esperar a la fundación.

Martes 31 – 07 – 2012  

Temprano en la mañana Francisca me despierta “¿Es posible que me acompañes a Kondele? Es mi último día con los chicos y me gustaría que estuvieras conmigo”. Nos preparamos y salimos con la cámara fotográfica porque hoy es un día especial.

Tomamos un matatu rumbo a Kondele y mientras pasamos por los grises y  humeantes edificios industriales pienso en la historia de este sector de la ciudad, que en el 2008 se tiñó con la sangre de los grupos rebeldes después de las elecciones. Es increíble cómo desde entonces ha crecido rápidamente hasta convertirse en un destino de inversión para las empresas que están interesadas ​​en establecer sus bases en Kisumu.

Nos bajamos del matatu y caminamos un par de pasos para llegar a las oficinas de Street Youth dónde se encuentran reunidos todos los jóvenes que forman parte del proyecto para asistir a la última reunión con Francisca. Muchas de sus caras son nuevas para mí, pero ella los conoce a todos y me los presenta uno a uno mientras yo puedo advertir que hay un temblor casi imperceptible en el timbre de su voz.

El silencio se cuela por las habitaciones de la pequeña casa y las emociones flotan en el ambiente. En medio de esa densidad es difícil respirar. Francisca fue capaz de derribar los prejuicios y entrar en el corazón de estos hombres para descubrir que pese al cartel criminal que colgaba sobre sus cabezas, en el interior había honestidad, responsabilidad, sensibilidad y superación. Francisca fue capaz de sacar lo mejor de cada uno de ellos y hoy mientras los veo emocionarse por su partida, soy testigo de ello.

Francisca y sus chicos.
Mark rompe el silencio regalando unas palabras de afecto. Luego de un comienzo tímido y algo torpe termina con un bello discurso que hace que mi cuerpo tiemble. Tras él sigue el resto y mientras Francisca escucha las palabras que cada uno ha preparado para ella puedo ver la emoción contenida en sus ojos. Le han confeccionado un bello libro con dedicatorias y es el momento de entregárselo. Luego disfrutamos todos juntos de un delicioso almuerzo preparado por Mark y Stephen y terminamos el día sacando fotos, las últimas de Francisca en el lugar que ella levantó con la ayuda de las manos de los hombres que hoy la ven partir.

Francisca posando con el regalo de los chicos.

Bella creación.
La despedida está cargada de emotividad y mientras dejamos atrás el gallinero construido con tanto esfuerzo, el silencio nuevamente vuelve a aplastarlo todo. Un silencio que me acompañará por mucho tiempo una vez que Francisca tome el avión a Chile. Un silencio que al principio duele pero que terminará entregándome mucho más de lo que ahora me arrebata.

Este cartel está puesto desde esta semana en la puerta del gallinero.

Miércoles 01 – 08 – 2012  

Es otro día en Rota y el trabajo es agotador. Caminar por tanto tiempo con la tierra aún húmeda a causa de la lluvia de la noche anterior es un ejercicio digno de los Juegos Olímpicos y en estos sudorosos viajes está la causa de los kilos perdidos en el último mes.

El Programa de Nutrición marcha bien pero necesito alguien que me de una mano con el trabajo porque cada Miércoles al llegar a casa me siento realmente agotado.

Hace una semana llegó una paciente nueva, su nombre es Christine y padece de desnutrición severa. Intenté persuadir a su madre de que la lleváramos al KDH pero pese a que la pequeña estaba débil y no comía apropiadamente, su madre se negó a llevarla a un centro más complejo para hospitalizarla, así que no tuve más remedio que entregarle el suplemento y verla partir. Hoy está de vuelta para un chequeo y ha perdido peso. Mi reacción inicial es de alarma pero luego caigo en cuenta de que sus piernas ya no están edematosas y entiendo que los gramos perdidos son precisamente una buena señal. Le explico esto a su madre y la cito para la próxima semana con la esperanza de que comience a ganar peso, de lo contrario me veré en apuros porque no hay dinero para hospitalizarla y no me resigno a la idea de ver como se va consumiendo lentamente.

Christine.
Cerca del mediodía Francisca me llama para pedirme que viaje a Kisumu y luego de las 14:00 me reúno con ella en Green Garden. Comemos con Stephen y Mark y al terminar la comida Francisca les entrega a cada uno una carta y un celular nuevo “Para que nos podamos comunicar” les dice mientras espera su reacción con una sonrisa en el rostro. Mark no puede hablar, mueve la cabeza de una lado para otro y su risa nerviosa contrasta con las lágrimas de Stephen que agradecido rompe el silencio “Este es el primer regalo que alguien me hace. Nunca había tenido para mí nada que no fuese usado”. Francisca no puede ocultar su emoción y sus bellos ojos se humedecen. Me retiro y los dejo para que puedan despedirse apropiadamente.

En la tarde, cuando el Ramadán abre el prolongado ayuno de los musulmanes, visitamos a Zinma y Mariane quienes nos han invitado a comer. La cena está deliciosa y disfrutamos de biryani, gulab jamun y dátiles. Luego nos sentamos en la sala de estar y discutimos las diferencias entre los católicos y los musulmanes. Luego de esta amena conversación me doy cuenta de que muchos de mis prejuicios son infundados y que la religión musulmana es de un valor incalculable.  

Al caer la noche Agu, Zamil y Jay pasan por nosotros porque planean despedir a Francisca como se lo merece. Vamos a Clarice, el restaurante más exclusivo de la provincia. Puedo decir con toda seguridad que cumple con las expectativas con creces ya que se trata de una hermosa casa cerca del lago Victoria con un gran jardín iluminado por antorchas de kerosene en dónde se disponen mesas de ratán. Es la primera vez que tomo vino chileno en mucho tiempo y saboreo la copa lentamente dilatando el placer al máximo.  Para comer, me decido por cordero asado pero su sabor es demasiado fuerte y no logro terminar mi plato. ¡Cómo extraño el cordero de Magallanes!

Jueves 02 – 08 – 2012  

Es el último día de Francisca en Kisumu y se pasa toda la mañana tratando de acomodar dificultosamente todo su equipaje entre dos bolsos. Yo voy a la ciudad dónde debo imprimir documentos que serán necesarios para poder solicitar mi licencia para trabajar como médico en Kenya.

Estando en la ciudad paso a Roof Top dónde tengo Internet y me dedico a terminar un artículo para Africa Dream sobre los avances en el Programa de Nutrición y casualmente me encuentro con Mariana y Paloma así que bebemos algo mientras ellas me cuentan de su proyecto para la Universidad de Columbia. Ambas se encuentran finalizando un master en administración pública y han puesto en marcha un estudio sobre las diferentes características de los centros de salud de la provincia de Nyanza y están de acuerdo con compartir conmigo la información relacionada con el dispensario en Rota. Nos despedimos y acordamos vernos la semana entrante cuando llegue a Kisumu.

Mientras camino de regreso a casa pienso que siempre es bueno tener con quién hablar en español, especialmente ahora que Francisca vuelve a Chile. Es una lástima que ellas dejan la ciudad el fin de semana siguiente.

La tarde se prolonga de manera interminable. Francisca da vueltas en círculo por la casa buscando algo en que ocupar el tiempo y es evidente que está nerviosa. Nuestro bus sale a Nairobi a las nueve de la noche y Jay viene por nosotros cerca de las ocho. Lo acompañan Zamil y Agu y mientras subimos el equipaje en la maleta del auto Francisca se despide de Lily y Victoria en un abrazo cargado de promesas.

Durante el viaje nadie dice nada y el silencio sólo es interrumpido por la música. Canciones que Francisca conoce y ha incorporado a su propio repertorio musical, canciones que yo también conozco ahora. Recuerdo con nostalgia cuando llegué a Kisumu: me subí tímidamente en ese mismo auto y es increíble como en tan poco tiempo estos chicos que nos llevan al terminal de buses ahora son mis amigos.  Entonces miro a Francisca que va sentada al lado mío y veo como intenta sin éxito contener las lágrimas. Tomo su mano por un breve instante y mientras Jay detiene el auto en el estacionamiento intento entender que sucede en el interior de esta mujer que entregó un año de su vertiginosa vida en este lugar olvidado.

La despedida es breve. Francisca sólo se limita a enterrar su rostro en el pecho de estos tres grande hombres que se convirtieron en una verdadera familia para ella y ahora para mí. Mientras nos acomodamos en el bus, desde la ventana intentan hacernos sonreír sin mucho éxito.

Las luces del bus se apagan y con ello todo queda en penumbra. Sólo la claridad de la luna llena ilumina los valles de Kenya camino a la capital. Será un viaje largo y estoy seguro que no dormiré en todo el camino.

Viernes 03 – 08 – 2012  

Llegamos a la capital el Viernes de madrugada, hace frío y con Francisca estamos agotados por el viaje. La distancia entre Kisumu y Nairobi es de aproximadamente 250 kilómetros pero el viaje por tierra demora un promedio de 8 a 10 horas, lo cual dice mucho acerca de la calidad de las carreteras en el África Subsahariana.

Nairobi amanece nublado y Francisca me acompaña a la oficina dónde debo llenar un formulario de solicitud para la obtención de mi licencia para trabajar como médico en Kenya. El lugar está muy cerca del hostal y luego de presentar los documentos y pagar $20.000 chelines kenianos nos retiramos. Tendré que volver en dos semanas a la capital para retirar los papeles.

Pasamos el resto de la mañana en Diamond Plaza. También conocido como “Little India”, este centro comercial permite que cualquier persona interesada en conocer este país del sur de Asia, pueda tener una idea bastante cercana de lo que significa caminar por las calles de Mombai o Delhi. Ubicado en el corazón de Nairobi, Diamond Plaza está compuesto  por una multitud de pequeños puestos, cuyos pasillos se asemejan a un laberinto sin salida. Sastres y modistas muestran sus creaciones en pequeñas tienda. El olor a especias es inconfundible y el destello de los punjabis ricamente bordados con lentejuelas ilumina las vitrinas. En el centro, un colorido puesto ofrece una variedad de frutas que raras veces se observan en los mercados africanos regulares. Los teléfonos móviles, reproductores de música y otros aparatos electrónicos se venden junto a una gran selección de DVD falsos, y al lado del aparcamiento, una gran área está reservada para los puestos de comida rápida que sirven platos típicos de la India y Pakistán. Aquí nos sentamos a comer algo y en menos de treinta segundos tenemos a siete meseros hablando al mismo tiempo y poniendo el menú de su puesto encima de nuestras narices. La escena es cómica pero luego de intentar hacerlos callar durante cinco minutos con Francisca ya no queremos seguir sonriendo. Diamond Plaza puede estar en mal estado y no tener las comodidades de los grandes centros comerciales pero la sensación de haber cruzado el Océano Índico que te entrega el lugar no tiene precio.

Cocina India en Diamond Plaza.
Salimos de Diamond Plaza cargados de bolsas y con una sonrisa en nuestros rostros tomamos un taxi sin sospechar que la felicidad duraría poco. Cerca del hostal la policía detiene el auto y me piden que baje, Francisca me acompaña y uno de los oficiales la obliga a volver al auto. Durante los siguientes minutos me culpan de infracción a la ley del tránsito por no usar cinturón de seguridad en el asiento trasero y me dicen que acorde a las penas debo pasar la noche en la estación de policía. Mientras mi rostro se desfigura uno de los policías me sonríe y me dice “Mzungu, nosotros somos tus amigos y te damos la bienvenida a Kenya. Podemos olvidarnos de esto si nos das algo de dinero” y me regala una sardónica sonrisa. Yo tengo mis bolsillos llenos pero mi primera reacción es de total indignación y me niego a entregarles lo que me piden. Entonces los policías intercambian miradas y luego me dicen que si no les entrego el dinero entonces se llevarán a Francisca también. Francisca se pone furiosa y coge su teléfono intentando infructuosamente llamar al cónsul de Chile. No tiene caso, no contesta nuestra llamada. Los oficiales al ver que Francisca está llamando se asustan lo suficiente como para dejarnos ir no sin antes pagar $1000 chelines ($5000 pesos chilenos) un tercio de lo que inicialmente nos pedían. Una sensación amarga empaña mi llegada al hostal, hasta que me entero de que un turista ha debido pagar $3000 chelines por otra razón. Los funcionarios del hostal al escuchar nuestra conversación nos explican que  es día de pago en Kenya y la policía suele salir a detener el tráfico para obtener dinero por medio de sobornos. He decidido contarles esto porque es la única manera de dejar en evidencia al cáncer de la corrupción policial en uno de los países más ricos del África Subsahariana.

Así la policía de Kenya detiene el tráfico para sobornar a los civiles ¡Vergüenza!
En la noche la cerveza helada y la buena conversación distraen nuestra mente de los malos momentos vividos en la tarde. Entonces, en medio de la conversación escuchamos una gran explosión. Inmediatamente me pongo en contacto con Mathew, un amigo de los Estados Unidos que vive en Nairobi dónde trabaja como encargado del departamento de seguridad de CARE. Confirma mis sospechas; se trata de un nuevo atentado de Al-Shabaab, esta vez una bomba-suicida en una base de la fuerza aérea ubicada en Eastleigh, lejos del sector donde nos encontramos. Nos recomienda no salir hasta el día siguiente y terminamos pasando la noche en el hostal.

Sábado 04 – 08 – 2012  

El despertador suena temprano en la mañana. Las paredes del hostal son tan débiles que podemos conversar con Francisca con total normalidad a través de ellas y discutir sobre los planes para el día de hoy.

En la mañana salimos a recorrer el centro de la ciudad en busca de los últimos regalos que Francisca debe comprar antes de volver a Chile. Caminar por el área comercial es entretenido y nos detenemos en muchas tiendas. Si bien negociar el precio en los mercados tradicionales resulta divertido, cuando se vuelve repetitivo y tienes que discutir hasta el valor de tres tomates en la feria es gratificante tener todo etiquetado y  a un precio justo. Al mediodía vamos a un centro comercial dónde nos reunimos con Mathew y comemos en “Mediterranea” un restaurante italiano.

En la tarde dormimos una siesta en el hostal porque aún estamos algo cansados por el viaje del Jueves por la noche. Cuando el sol se oculta me llama mi amigo Derryck. Un sudafricano que trabaja piloteando aviones para distintas ONG principalmente a Sudán del Sur y República Democrática del Congo. Se ofrece a llevarnos al aeropuerto y nos invita a su casa dónde Francisca hace el chequeo de sus pasajes. Salimos a cenar a un lugar llamado “Osteria” otro restaurante italiano. No puedo creer mi suerte ¡Deliciosa comida italiana dos veces en un mismo día!

En la noche vamos a Diamond Plaza. En los estacionamientos uno puede aparcar el auto y en cuestión de segundos aparecen varios hombres para ofrecer Shishas o Narguiles que son pipas de agua para fumar tabaco. En su parte superior tienen una cacerola hecha de cerámica resistente al calor en dónde se coloca el carbón que servirá para encender el tabaco. Un aflautado cuerpo metálico conecta la cacerola con una base de cristal en cuyo interior hay agua y de ella sale una manguera por dónde se fuma. Derryck nos pregunta “¿Quieren fumar shisha?” aceptamos de buena gana y en unos minutos nos traen al auto dos pipas, una a cada lado del vehículo.

Pipas de narguile.
El tabaco utilizado se llama Molasses y es un tipo de tabaco especial que nada tiene que ver con el que se usa en los cigarrillos y puros, ya que se compone de hojas de tabaco bastante finas lavadas muchas veces y mezcladas con miel o saborizantes para conseguir que tengan algún sabor especial. Esa noche fumamos shisha con tabaco de naranja y sandía y luego Derryck nos deja en el hostal.

Domingo 05 – 08 – 2012  

Nairobi amanece cubierto de una espesa neblina y luego del desayuno Francisca va a la recepción para entregar las llaves de su habitación y pagar la cuenta mientras yo comienzo a sacar el equipaje.

Nos sentamos a esperar a Derryck y mientras las horas pasan volando pienso en lo lejano que se veía este día. Ahora Francisca vuelve a Chile y pasaré a convertirme en el único chileno en varios kilómetros a la redonda. Pasado el mediodía Derryck llega y me ayuda a dejar el equipaje de Francisca en el auto. La despedida en el aeropuerto es breve pero no por eso menos emotiva. Siento que se me aprieta el corazón en el abrazo final y mientras vuelvo al auto de mi amigo deseo haber dicho más.

Por la tarde me lo paso en el hostal hasta que Mathew me llama y quedamos en ir al cine a ver la última película de Batman. Logro distraerme y cuando llega la noche pienso en la soledad y cómo se configura de diferentes maneras. Yo creo haberla experimentado de muchas formas pero nunca una tan especial como ésta. Porque mientras escribo estas líneas tengo la profunda convicción de que nadie habla español en varios cientos de kilómetros a la redonda. Sólo queda pensar que tal vez Nietzsche no estaba del todo equivocado. Habrá que esperar para ver...

 “El valor de un hombre se mide por la cuantía de soledad que le es posible soportar”

Friedrich Nietzsche

5 comentarios:

  1. Se me paran los pelos cuando leo todo lo que escribes. Con lo que cuentas de la Fran, me acuerdo de mi partida....y me da una pena....y se me llenan los ojos de lagrimas....y quiero volver....y no puedo......aun....
    Disfruta, aprovecha tu tiempo solo allá, sabes que cuentas conmigo siempre, me mandas un msj o me llamas y yo estaré.....sabes que siempre estoy.....aunque a veces este colapsada, sabes que estoy.
    Un abrazo!!

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  2. Hola hombre!
    Te debo agradecer porque una vez más haz logrado emocionarme con tus escritos, logras remover mi corazón y mis lágrimas se acuerdan por donde rodar.
    Creo que tu crecimiento como persona es extraordinario, las experiencias de vida que recoges cada minuto, te hacen admirable, me siento orgullosa de conocerte y ser tu amiga.
    Espero que estés instalado pronto en tu nueva casa y que las cosas fluyan para tu trabajo como médico en Kenya.
    No pierdas la esperanza, cada día trae nuevas experiencias, habrá que aprender de las malas y habrá que disfrutar de las buenas.
    Echo de menos más imágenes, debo decirlo, pero tus relatos son tan vívidos y coloridos, tan detallados que hasta me puedo imaginar los olores.
    Bueno, por acá la vida sigue, con altibajos, problemas en el trabajo que nunca faltan, pero también momentos gratos con los amigos y con los pacientes.
    Espero tener noticias favorables del banco para la compra de la parcela, probablemente la próxima semana. No he enviado fotos, tengo miedo que hacerlo me traiga mala suerte. Pero cuando se concrete el negocio, lo haré.
    Cuidate mucho , flacox.
    Un abrazote desde Valdivia,
    Eileen.

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  3. Gracias amiga. Acá moviendo las cosas para el cambio de casa. Fue excelente poder conversar el otro día. Muchas gracias por tus palabras de cariño y comprensión. ¡Hablamos!

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  4. Hola Jose Miguel, te mandamos un abrazo grande desde Punta Arenas, con Christian siempre miramos juntos tus fotos y las comentamos.
    Como siempre, soy fiel a tus semanas viviendo en Kenya, espero que todo este saliendo bien y que logres superar aquellos inconveniente y obstáculos.-

    Un gran abrazo y mucha Fe!!
    Silvana y Christian

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