miércoles, 29 de agosto de 2012

OCTAVA SEMANA EN ÁFRICA


Lunes 13 – 08 – 2012 

Me levanto temprano y me voy a Roof Top a terminar con mi informe. Es increíble como cuando uno se concentra tanto en algo el tiempo se vuelve relativo y que las horas se convierten segundos. No me muevo del lugar hasta que el informe está completo y cuando miro la hora me doy cuenta de que son más de las seis de la tarde y el sol comienza a esconderse en el horizonte mientras su reflejo cuprífero ilumina las aguas del lago Victoria ¡Increíble!

Vista del atardecer desde Roof Top
Martes 14 – 08 – 2012 

Hoy me he quedado en cama. Los problemas desde que llegué acá me parecen demasiado pesados para levantarme y cargar con ellos todo el día. Estoy molesto y necesito una pausa para detenerme y pensar bien en todo lo que me está pasando. ¿Qué es lo que me molesta? ¿Quiero realmente estar acá? ¿Quiero trabajar en un lugar dónde mi energía se malgasta en resolver problemas que nada tienen que ver con aquello que realmente me motiva?

Hoy me cuesta trabajo pensar con claridad y no logro conciliarme conmigo mismo. Una parte de mi quiere seguir intentando y la otra está claudicando. Necesito volver atrás. Necesito entender mis motivaciones y sacarlas del oscuro lugar dónde ahora se encuentran.

Hoy quiero cerrar los ojos y viajar. Quiero caminar por las calles de Santiago. Quiero sentir el frío de Punta Arenas calando mis huesos. Quiero hundir mi rostro en el pecho de mi madre y sentir su calor.

Hoy es un día para olvidar o tal vez no. Acostado en mi cama recibo un mensaje de mi querida amiga Pamela “Ánimo amigo, los días malos son de acá y son de allá” y siento cómo mis dos mitades se unen y vuelven a ser una sola. Estoy aquí con un propósito y no pienso volver hasta que no lo haya cumplido.

Miércoles 15 – 08 – 2012 

Nuevo día con nuevos aires. Preparo mi bolso para ir a Rota y llevo conmigo la cámara fotográfica.  El camino si bien es el mismo de todos los Miércoles, siempre tiene algo nuevo que ofrecer y no me equivoco, porque esta vez, mientras me abro paso entre la hierva salen a mi encuentro muchos más niños que lo habitual, probablemente porque la escuelita de Rota ha cerrado sus puertas, dando así comienzo a las vacaciones escolares.

Niños de Rota

En el dispensario hay más movimiento del habitual. Las madres comienzan a llegar con sus pequeños desde temprano y a media mañana aparece Christine y es sorprendente recordar lo diminuta que era hace tres semanas y como ha crecido poco a poco. No importan mis intentos por lograr acercame a ella, me sigue teniendo gran miedo y llora desconsoladamente cada vez que intento tomarla en brazos para examinarla.

Entre los pequeños hay una niña que no había visto antes. Su nombre es Ruby y está severamente desnutrida. En su cuerpo cansado se dibujan las curvas de un pequeño esqueleto, hueso por hueso y su piel está cubierta de úlceras a causa de las escasas defensas que posee su organismo. Su madre, como es habitual en el dispensario, se niega a llevarla al hospital por lo que inicio el tratamiento y le entrego los suplementos esperando volver a verla la semana que viene.

Ruby en la balanza
Cuando ya son cerca de las 15:00 doy por concluido otro día de trabajo en el Programa de Nutrición. Miro el libro y me doy cuenta de que los registros están muy desordenados. Desde que Andrea se fue, el programa funciona como todo acá en África, con mucha voluntad pero poca metodología. No tiene caso intentar cambiar todo un sistema que lleva años funcionando así, sólo porque uno considera que puede mejorar.

Me he dado cuenta de que para poder estar en África debo aceptar muchas cosas con las cuales no estoy de acuerdo y desde la aceptación, intentar trabajar por mejorar lo que se pueda mejorar. Es así, que decido comenzar a registrar la información del Programa de Nutrición en la computadora, con la intención de no modificar la forma en que se realiza el registro en el dispensario. La enfermera a cargo del centro, Jennifer, me agradece la iniciativa y acordamos comenzar la semana siguiente a introducir los datos a la computadora.

Jueves 16 – 08 – 2012  

Es otro día en el KDH y llego temprano. Ya ha quedado atrás el temor inicial de no ser bien recibido y me siento cómodo trabajando en el hospital. Son las 8:00 de la mañana y mientras dejo mi bolso en la primera sala me doy cuenta de que la pestilencia envuelve el aire. Busco entre las enfermeras y los alumnos algún indicio que me muestre dónde está el origen de aquel olor a podredumbre, pero todos parecen estar ocupados en sus actividades habituales. Entonces, torpemente doy unos pasos y mis pies chocan con algo. Miro hacia el suelo y la veo, no debe tener más de diez años, su cuerpo descansa sobre una improvisada camilla hecha con dos varas metálicas y una vieja tela de color azul mientras las moscas vuelan sobre ella. Sus ojos abiertos y sin vida es lo último que logro ver antes de que dos funcionarios del hospital la cubran y se la lleven mientras los rostros impasibles de los niños y sus madres observan la escena.

Comienza otra mañana en el KDH y mientras todos están ocupados en preparar a los pacientes para la visita de la pediatra yo aún puedo sentir el olor a muerte en el Ward 2 ¿Se trata de un mal presagio?

La pediatra aparece a eso de las nueve de la mañana dando inicio a la ronda habitual. Vamos pasando cama por cama y en cada una nos detenemos para evaluar a cada uno de los niños que están ahí por diferentes motivos.

La primera cama la ocupa un niño de unos 10 años. Su nombre es Kevin y no hay otros niños compartiendo la cama con él. Eso es algo poco habitual aquí, pero la doctora piensa que podría tratarse de una meningitis y no puede compartir la cama con nadie pues podría ser contagioso. “No podemos hacer la punción lumbar porque el laboratorio del hospital no hace análisis del líquido y necesitamos iniciar el tratamiento antibiótico lo antes posible” me explica la doctora mientras caminamos hacia la siguiente cama.

En la mitad de la visita llegamos a una cama dónde se encuentra un niño de dos años visiblemente en mal estado. Su piel está cubierta de sudor y es evidente que respira con mucha dificultad. La madre se comporta de manera extraña y cuando la pediatra se acerca al pequeño para examinarlo, desaparece. El paciente lleva más de cinco días en el hospital. Es un caso severo de malaria y según el registro médico debería estar mejorando. Entonces, la doctora toma el historial y lo revisa detenidamente. Luego de una discreta mejora el paciente comienza a empeorar y lleva así los últimos dos días.  “¿Alguien me puede explicar qué ha sucedido con este pequeño? ¿Dónde está la madre?” pregunta pero nadie responde. Una mujer que comparte la misma cama con la madre del paciente se decide a hablar y mientras palabras incomprensibles para mí salen de sus labios veo como el rostro de la doctora se llena de preocupación. “La madre del pequeño, aconsejada por otras mujeres de su villa, le ha dado a beber al paciente una infusión hecha con unas hojas que obtuvo de unos árboles” me explica la doctora y luego agrega  “Se trata de una intoxicación herbal. El paciente está con una insuficiencia hepática y renal aguda. Se está muriendo. Necesito que se muevan rápido y hagan algo.” y dicho esto continúa la visita mientras yo me quedo de pie frente a la cama del pequeño sin saber si seguirla o hacer algo al respecto.

Tomo al pequeño en brazos y lo llevo hasta la cama dónde se encuentra el oxígeno y comienzo a moverme con torpeza tratando de buscar entre los estantes una mascarilla. La doctora que está a cargo de la sala me ayuda mientras intenta con dificultad instalar una vía venosa. Cada minuto que pasa el paciente empeora y yo sigo sin dar con la mascarilla en medio de todo ese desorden. Luego de 10 minutos el pequeño comienza a ahogarse “¡Necesito que alguien me ayude!” dice la doctora  pero los alumnos y las enfermeras no responden. Entonces comenzamos a masajear su pecho y luego de unos minutos el paciente muere y con su pequeño cuerpo sin vida todavía tibio en mis brazos levanto la vista y veo a su madre y en una fracción de segundos su boca se tuerce y su rostro se convierte en una máscara africana.

La mujer sale corriendo hacia los jardines del KDH y mientras sus gritos resuenan en las paredes del Ward 2 todo vuelve a la normalidad. La ronda médica continúa pero yo decido salir a buscarla. La encuentro a unos metros de distancia, revolcándose en la tierra mientras sus gritos desgarradores ensombrecen la soleada mañana. Camino hacia ella bajo la mirada atenta de las demás personas que se juntan en pequeños grupos y observan la escena desde lejos murmurando en su incomprensible idioma a mis espaldas. No se exactamente cuanto tiempo pasa pero me quedo con ella, arrodillado tomando su mano hasta que sus gritos se apagan. Entonces me mira a los ojos y me pregunta “¿Por qué mi Dios me quita lo más preciado que tengo?” y mientras se incorpora del suelo y se sacude la tierra sigue preguntando al cielo “¿Por qué?” deseo hacer algo más por ella pero decido respetar su dolor y vuelvo a la sala dónde al parecer nadie ha notado mi ausencia y la ronda continúa como cualquier otro día Jueves y no dejo de preguntarme como es posible tanta indiferencia ante la muerte. ¿Dónde está la respuesta? En el origen de la muerte.

EL ORIGEN DE LA MUERTE

Al principio no había muerte. Ésta historia de la tribu Masai narra cómo llegó la muerte al mundo. Hubo un hombre llamado Leeyio, el primero puesto por Naiteru-Kop en la tierra. Leeyio fue llamado por Naiteru-Kop y recibió las siguientes instrucciones “Cuando un hombre muera, deberás preparar su cuerpo. Recuerda que siempre habrás de decir Muera el hombre, mas regresará; muera la luna y en lo remoto permanecerá”.

Pasaron muchos meses antes de que nadie falleciera. Cuando, finalmente, la muerte llegó al hijo de un vecino, avisaron a Leeyio para que preparase las honras fúnebres. Mientras esto hacía, recitó las palabras que le habían sido transmitidas. Pero cometió un error y dijo “Muera la luna, mas regresará; muera el hombre y en lo remoto permanecerá”. Después de esto, nadie sobrevivió a su propia muerte.

Transcurrió el tiempo y fue el hijo del mismo Leeyio quien encontró el fin. El entristecido padre, más meticuloso en esta ocasión, recitó con cuidado “Muera el hombre, mas regresará; muera la luna y en lo remoto permanecerá”. Al escuchar estas palabras, respondió Naiteru-Kop “Ya es demasiado tarde. El día que te confundiste nació la muerte entre vosotros". Desde entonces, ningún humano regresa de la muerte. Desde entonces es la luna quien, tras desaparecer, regresa al mundo de los vivos.

La muerte acecha todos los días en el Ward 2
En África la muerte está presente a cada momento y este día me recuerda que si quiero vivir en el continente negro debo aprender a convivir con la muerte y hacerla parte de mi vida. Como dice el cuento Masai nuestro cuerpo deja de existir, pero permanecemos en lo remoto y la bella luna sale cada noche para recordarnos esto.

Viernes 17 – 08 – 2012 

Llega un nuevo día y otra semana se acaba. En el KDH la ronda comienza temprano porque los días Viernes no suelen venir las doctoras y los alumnos deben tomar decisiones por su cuenta. Pero ahora que estoy yo, me convierto en blanco de las preguntas y siento que para muchas de sus interrogantes no tengo una respuesta porque se trata de enfermedades que en Chile no existen.

Comenzamos la ronda rodeando la cama de Kevin y veo que no se encuentra bien “¿Qué sucede?” pregunto con curiosidad “Kevin ha estado convulsionando desde anoche” me explica uno de los alumnos. El pequeño había sido hospitalizado por una meningitis pero el problema es que la meningitis no suele provocar convulsiones a menos que exista compromiso cerebral. Me acerco a Kevin y lo examino. Todo indica que la infección está en el cerebro. El pronóstico no es bueno y hay que comunicarle esto a su madre “¿Quién es la madre de Kevin?” pregunto algo confundido porque hay varias mujeres junto a su cama “Su madre murió de SIDA hace tres años doctor” me dice uno de los alumnos y me muestra su registro médico dónde se confirman mis sospechas, Kevin está contagiado. 

El SIDA mata diariamente a 6.000 personas en África, más que cualquier guerra, hambruna o desastre natural. Millones de niños son huérfanos a causa de este mal y mucho de ellos son seropositivos. En Kenya cada año 22.000 niños se contagian y hoy por hoy me toca ser testigo de cómo Kevin pasa a formar parte de esa larga lista.

El día es agotador y cuando pasado el mediodía veo a la doctora ingresar al Ward 2 me siento aliviado porque podremos consultar aquellas dudas que tenemos y buscar la mejor forma de sacar adelante a  todos los pacientes, en especial a Kevin.

Tan triste como cierto.
Sábado 18 – 08 – 2012 

Comienzo a organizar todas mis cosas para el cambio de casa ¡Qué increíble es estar haciendo todo esto! Preparar los bolsos es raro porque no lo hacía desde hace algún tiempo y tal vez no les he mencionado esto, pero toda la vida he sido un completo desastre cuando se trata de empacar. Una vez que mi equipaje ya está listo es el turno de limpiar la habitación y el baño. Es una tarea simple pero me lleva más tiempo del habitual y cuando termino ya es tarde y el cielo comienza a oscurecer.

Se supone que el cambio de casa será hoy pero las nubes grises amenazan con cambiar los planes y luego de unos minutos comienza la tormenta eléctrica y termino viendo películas de Bollywood en mi dormitorio con mis maletas en la puerta mientras afuera el cielo se cae a pedazos

Domingo 19 – 08 – 2012 

Es Domingo y ya es mediodía. Todas mis cosas están desperdigadas en la sala de estar de la casa de Keneth y Lily y yo espero que mis amigos vengan por mí para subir todo al auto y cambiarme de casa. Cerca de las cuatro de la tarde recibo un llamado y luego de treinta minutos Agu se encuentra afuera y mientras me ayuda a subir las cosas a la camioneta me despido de todos con la promesa de no perder el contacto.

Luego de un pequeño recorrido llegamos a la nueva casa en Busia Road, en el sector de Milimani y el lugar dónde espero vivir el resto de mi estadía acá en África. Una vez adentro me espera Shahiz que me ayuda a llevar el equipaje.

La casa ha estado durante meses ocupada con cachureos de la familia y en su interior hay tantas cosas que cuesta trabajo adivinar el color de las murallas. Por dónde miro hay cucarachas y mientras camino se van ocultando de mi vista en uno de los miles escondites que existen entre medio de tantas cosas olvidadas. Mientras dejo mi equipaje en el único espacio libre en el suelo Shahiz adivina la preocupación en mi rostro y me dice No te preocupes que hoy dormirás en nuestra habitación para las visitas y mañana pondremos todo en orden para que puedas dormir en tu nueva casa”  y luego de conversar acerca del arriendo me entrega las llaves y voy al supermercado a comprar todo lo que necesitaré para limpiar la casa y mientras me detengo a decidir cual insecticida voy a comprar me viene un ataque de risa “Lo que necesito no es un insecticida, es un exterminador de plagas” y resignado pero con una sonrisa en el rostro termino comprando el que parece más efectivo.

Mi enemigo declarado
En la noche la familia de Shahiz me espera con cena de bienvenida con lo mejor de la cocina India y me voy a dormir con el estómago lleno y mientras el sueño comienza a vencerme pienso en todas las cosas que tengo que hacer para poner la nueva casa en orden.

Es extraño marcharse  del lugar que fue mi  casa durante dos meses pero como dijo el escritor español Antonio Gala “Una casa es el lugar dónde uno es esperado” y en esa frase  se encierra  una gran  verdad. Porque  casas tengo  muchas y  puedo decir  con certeza que en cada una de ellas alguien me espera con los brazos abiertos.

2 comentarios:

  1. Hasta ahora lo más humano y real que te he leido, Jose.
    Abrazos y fuerza, amigo.
    Eileen.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Abrazos para tí amiga... mientras más tiempo paso acá, más "real" se vuelvo todo aquello que antes sólo imaginaba a través de las historias de otros

      Eliminar